Cristiano Ronaldo se fue del Real Madrid por razones tan legítimas como las económicas. Imagino que también influyó el deterioro de dos relaciones de diferente índole, con el presidente y con la Agencia Tributaria, pero no creo que fueran motivos básicos en su decisión. En el caso de Luka Modric, 33 años en septiembre, la motivación primordial para negociar con el Inter ha sido económica, e insisto en la legitimidad de la causa. El asunto está arreglado con un incremento salarial que le iguala a Ramos y lo celebro; el jugador se ha ganado la subida a pulso y el club se garantiza la continuidad de un centrocampista que no abunda. Sin embargo, no es eso de lo que me gustaría hablar aquí.

Tanto el traspaso de Cristiano como el caso de Modric, o los rumores sobre Marcelo y la Juventus, nos ubican ante un escenario infrecuente: que un futbolista quiera marcharse del Real Madrid. Me refiero, como es natural, a futbolistas que, siendo protagonistas en lo deportivo —incluso estrellas—, optan por abandonar el club por una oferta mejor. Así ocurrió en los últimos tiempos con Özil y Di María, cito a vuela pluma, aunque sospecho que en ambos casos tuvo mucho que ver la voracidad de sus agentes, el hartazgo del club y los informes técnicos. Extrañamente, porque se trata de futbolistas excelentes, no conozco a quien los haya echado de menos con suficiente fuerza como para exhalar un suspiro. Imagino que la nostalgia ha viajado en sentido contrario.

Lo de ahora es distinto. Cristiano, Modric y Marcelo —en caso de ser cierto el rumor, y cuesta creerlo— son, muy probablemente, los futbolistas del Real Madrid más importantes de los últimos diez años. ¿Por qué se ha marchado uno y se podrían ir otros? Hablamos de dinero, pero creo que el dinero no lo justifica todo aunque suele explicar la mayor parte de las decisiones de los seres humanos en el ámbito profesional y alrededores. De ahí que, después de comentar la cuestión con alguien tan reflexivo como mi compañero Sergio Alberruche, hayamos llegado a la conclusión de que hay futbolistas que están saciados en lo que a títulos se refiere. Esto no quiere decir que se pierda el deseo de ganar; solo que, aplacada la obsesión, se reduce el interés. Y rebajada la motivación deportiva, el dinero es un argumento irrefutable. En el peor de los casos, Cristiano ya ha ganado cinco Champions (una menos que Gento), por las cuatro de Modric y Marcelo. Prueben a comer nécoras cada día y comprobarán su progresivo distanciamiento con el mundo de los crustáceos.

Pero aquí sigue habiendo algo más que el dinero, siempre lo hay. El dinero, al fin y al cabo, no es más que una herramienta para protegerse, para satisfacer la vanidad, para combatir el miedo o para vengarse. Admitido que los títulos empachan, la siguiente evidencia es que Zidane era el pegamento que mantenía unido a un grupo muy complejo, con mucho oro y muchos kilómetros encima. Zidane ejercía una autoridad moral y deportiva; los futbolistas tienden a despreciar a los entrenadores que han sido jugadores modestos, pero en este caso el tipo que daba las instrucciones había sido mejor (y tal vez lo era todavía) que cualquiera de los que escuchaban. Cuánto ha sido ninguneado Zidane por no resolver sudokus tácticos, cuando en realidad su valor estribaba en la gestión de un vestuario que costaría conducir al mismísimo Freud.

Si Zidane se marchó por no estar de acuerdo con la renovación planteada por el club, cabe imaginar que otros jugadores han podido pensar lo mismo, ya sea porque se han visto afectados en sus intereses deportivos o en sus principios. Nunca hay que dejar de soñar con el peso de lo intangible.

En resumen, el dinero es la tentación y la causa última por la que un futbolista como Cristiano ha dicho adiós al Real Madrid y otro como Modric se lo ha planteado; pero no es la primera razón. Antes siempre hay un desencuentro, suficientemente importante para que la ganancia económica compense el cambio de ciudad, de vida, de compañeros, de afición… el distanciamiento con lo conocido y con los títulos. Imagínense futbolistas ricos, estrellas del Real Madrid, y valoren esa mudanza física y emocional en millones. Habrán obtenido el valor de lo que se pierde, no de lo que se gana.

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