Señor Lemar, encantada de conocerle. Usted aún no les conoce, pero llevan tiempo esperándole. Son los aficionados del Atlético, el equipo que usted eligió por encima del resto, donde está su amigo Griezmann y donde se esperan grandes cosas de usted. Por favor, permítame presentarle.

Lemar ha llegado antes de tiempo a esta pretemorada. Se ha quitado días de vacaciones como esos jóvenes repelentes que en vez de bajar a la piscina se quedan en casa adelantando tareas del curso que vendrá. Sólo que en este caso no hay miradas de compasión de sus coetáneos, sino de admiración de la que pronto será su familia en el Metropolitano. Adaptarse al estilo y al ritmo de trabajo del Cholo no es fácil, avisado queda. Y ha hecho bien el francés en adelantar trabajo: no por ser el alumno aventajado te tienes que relajar. Aquí el esfuerzo no se negocia, como ya le habrán comentado.

Y parece que ha aprendido bien pronto la lección. Simeone le ha pedido desde el principio que explote sus mejores cualidades: verticalidad y último pase aclopados tanto en el 4-3-3 como en el 4-4-2. Empezó con 4-4-2 de segunda punta con Correa y a los siete minutos ya bosquejó su calidad: velocidad hasta la línea de fondo y pase medido a Koke, que pasó atrás a un Correa que no llegó a rematar.

Enfrente tenían un Stuttgart aparentemente ultramotivado en la celebración de su 125º cumpleaños delante de su gente, pero Lemar, ese nuevo amigo, se empeñaba en romper la defensa del equipo alemán con rápidas incursiones desde la banda izquierda. Aunque curiosamente su primera oportunidad de gol llegó por la derecha: Juanfran aprovechó a la perfección el hueco para meter un pase largo que recibió Correa; el argentino asistió a Lemar, pero Maffeo le quitó el remate al francés.

Todo funcionaba bien en el Atlético, con un equipo que huele a Supercopa en el mediocampo. Saúl se divertía y dejaba desde ruletas en la frontal del área rival hasta tiros exteriores que ya son marca de la casa; Koke seguía siendo Koke y encontraba nuevos amigos con los que conectar; Gelson se aclimataba y desbordaba por la banda una y otra vez; Correa tenía el hándicap de no ser la novedad, pero intervenía en cada oportunidad colchonera. Mención aparte para el centrocampista anteriormente conocido como Rodri y que en tres amistosos se ha ganado con creces el ascenso a Rodrigo. Volvió a dejar excelentes sensaciones, siempre atento al corte y al orden en el centro del campo. Qué jugador este y qué contento debe estar el Cholo con él. 

El Stuttgart, por su parte, ofrecía más bien poco. Insua, viejo conocido, lo intentó varias veces desde su banda, pero sin poner en apuros ni a Juanfran ni a la zaga canterana y Mario Gómez sólo asustaba por el peso de su nombre.

Tras el descanso hubo carrusel de cambios, que diría el clásico. Se marcharon Lemar, Gelson, Koke y Saúl y se quedó Correa, que en el 50′ lo intentó desde lejos y asumió la carga ofensiva del equipo hasta que también fue sustituido. Pero le sentó mejor el parón al equipo alemán. Didavi avisó con una falta que repelió la barrera y materializó con un penalti que Montero cometió sobre él. Error de juventud del canterano en la que fue su única mácula en el partido.

No esperó el Atleti a remontar el partido. En la siguiente jugada, minuto 60, Joaquín Muñoz puso un tremendo disparo, colocado al palo, imparable para Zieler. Tiro de tremenda calidad del tricampeón juvenil en el que ya han puesto los ojos algún Primera. No es para menos. Al malagueño el talento le sobra.

A partir de entonces la única historia del partido fue un nuevo penalti, en esta ocasión de Puñal sobre Sosa que falló Thommy. El Stuttgart dominó, pero sin crear peligro a Adán, que un día más cumplió de manera notable.

Este es el nuevo Atlético y estos son sus componentes: Lemar y Gelson dejaron pinceladas de lo que pueden ser y Rodrigo, una vez más, volvió a consolidarse en la medular. Y quedan por venir Griezmann y Diego Costa.  Palabras mayores.

 

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