El aforismo es bastante vacuo, sí, pero Simeone, que sabe muy bien lanzar frases en rueda de prensa, mandó un mensaje muy claro. En el fútbol no hay un sistema que reine sobre los otros, ni un estilo, ni una forma de hacer las cosas mejor. Se trata de jugar once contra once y meter el balón en la portería. Simplemente. Y cada cual lo hace con las cartas que se le han repartido para esa temporada. Ahora que el tiki-taka y la posesión están tan demodé como las faldas pantalón conviene recordar que fue el Atleti de Simeone el que empezó a cuestionar las verdades falsamente universales sobre cómo tiene que ganar un equipo. Así devolvió al Atleti su grandeza, títulos y alegrías a su afición.

El discurso les puede parecer manido, pero en un giro inesperado de los acontecimientos el Cholo ha variado su relato. «Necesitamos mejorar lo que hicimos la temporada pasada». Boom, fundido a negro y fin del capítulo. Teniendo en cuenta que el Atleti el curso anterior fue subcampeón de Liga… 2+2=4. Irá partido a partido, pero sabe que este equipo se le van a exigir grandes cosas y que sería ridículo escudarse en una falsa modestia que este Atlético no necesita.

Y no la necesita porque se han producido dos fenómenos simultáneos que antes mezclaban en el Atleti como agua y aceite: las estrellas se quedan y se ficha a lo grande. El resultado es una gran plantilla en la que se combinan veteranía y juventud, el gusanillo de la novedad y el amor reposado de lo conocido. «Los jugadores quieren venir y los jóvenes no se quieren ir», resumió Simeone. Y aportó más incidiendo en la misma idea de mejorar. Porque los jugadores se quedan porque «les interesa ganar y crecer». Y el Atleti tiene que ser su sitio.

Ahora bien. Las palabras, el proyecto, los fichajes, la decisión de Griezmann… han de venir acompañados de resultados. Y la mejor forma de empezar sería ganarle la Supercopa al Madrid.

Sí. Hablemos del elefante en la habitación. Los derbis europeos han sido tan repetitivos en los últimos años que resultan cansinos… Si eres aficionado del Atleti, claro. El Real Madrid ha sido el obstáculo, la piedra en el camino y la china en el zapato que ha impedido que este Atleti entre en el Olimpo. Lisboa, el gol de Chicharito, Milán, Benzema enmudeciendo al Calderón… Una serie de catastróficas desdichas con las que hoy el Atleti debe acabar. No es una final de Champions, pero puede ser el punto de inflexión que marque el camino de la temporada para unos y para otros. Con los fantasmas se acaba encendiendo la luz y viendo que allí no hay nada. Que el Atleti encienda la luz. Y a ver si así los cuñados del mundo dejan de gritar «¡92:48!»

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