El éxito no es la victoria; el éxito es el intento. Admito que parece una frase de libro de autoayuda, pero lo creo firmemente, o digamos que intento creerlo y a la intención le pongo mucha firmeza. La victoria es una verdadera casualidad. Miren a su alrededor y observen la cantidad de imbéciles que han triunfado. Todo ellos se colaron por la rendija. En cada pared hay una. Para descubrirla hay que encontrar la pared o estrellarse contra ella, hay que palparla o derribarla, cada cual tiene su estilo.

El asunto viene al caso por la sensación de fracaso que nos genera un mal resultado con independencia del intento. Dudo mucho que en España hubiéramos recibido a la selección como fue recibida la Croacia subcampeona. Por encima de la Copa, supieron valorar el intento. También en Bélgica, y ellos cayeron antes. En nuestro caso, no imagino multitudes arracimadas después de una derrota.

Pero no estoy pensando en fútbol, sino en ciclismo. La última etapa del Tour nos ha tenido durante más de una hora pendientes de la carrera, emocionados, intrigados por lo que era un asalto imprevisto, el tipo de ataque que reclamamos o hubiéremos reclamado de no producirse. Como el desenlace no ha sido el esperado, muchos han censurado el intento, “a todas luces suicida”. No se valora lo que nos ha hecho sentir, la violenta irrupción en nuestra somnolencia, el goce de los dos minutos de ventaja y la angustia de los segundos que se recortaban a cada kilómetro. Mientras Valverde estuvo escapado, tuvimos la sensación, mínima o máxima, de asistir a algo que podía ser histórico. No lo fue, ya lo sabemos, pero el resultado es un detalle en comparación con el intento. Por primera vez en mucho tiempo, Movistar fue Reynolds, y eso es precisamente lo que siempre le hemos reclamado a Movistar-Caisse d’Epargne-Illes Balears (etc). Que se olvidara de la clasificación por equipos y se concentrara en las rendijas, que recuperara algo del espíritu de los inicios, cuando aprendimos a querer a Perico por los intentos, mucho antes de que llegaran las victorias.

Espero que el equipo no se deje llevar por las críticas y lo siga probando con Landa y Nairo, o también con Valverde como miembro de alguna fuga. Me anima el hecho de que el podio esté tan complicado como la victoria y de que la clasificación por equipos ya sea coto privado del Sky. No habrá distracciones menores. La única alternativa será buscar las rendijas. Más difícil eran los tiempos en que Perico llegaba a la montaña con tres minutos perdidos, los tiempos del infranqueable Fignon o del todopoderoso Hinault. Aquellos tipos sí que se comían a los niños crudos y sin embargo nos pasábamos los veranos palpando la pared, más atentos a encontrar una ilusión que una victoria.  Es posible que además de más jóvenes y terriblemente atractivos, fuéramos también más sabios.

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