Algo pasa con el cine de acción, algo tiene, o algo le han hecho (o, mejor dicho, habremos hecho entre todos). Generalmente, es desmitificado muy fácilmente. Puede llegar a verse como un género inferior, pasa igual con la comedia o con el terror, por ejemplo. No tiene tanta relevancia, o no quiere dársele tanta como en ocasiones merece. Bien es cierto que no todo vale, pero, seguramente, en este sentido, los cinéfilos más puritanos sean los peores. Son los que con más facilidad tienden a ponerle la cruz.


Director: Christopher McQuarrie.

Reparto: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Henry Cavill, Simon Pegg, Vanessa Kirby, Michelle Monaghan, Alec Baldwin, Angela Bassett, Sian Brooke, Ving Rhames, Sean Harris, Wes Bentley, Frederick Schmidt, Liang Yang, Kristoffer Joner.

País: Estados Unidos.

Duración: 147 minutos.


Existe la idea de que una película de culto no puede superar los márgenes del drama, o, en el mejor de los casos, del thriller. Hagan cuentas, pero así, a botepronto, hace décadas, prácticamente la eternidad, que ninguna cinta de acción gana la máxima distinción de la Academia (hace poco, Mad Max llegó a entrar en la terna de nominadas). Aunque hay quien ya ha dejado de creer en ella. Las películas de acción están únicamente predestinadas, con suerte, a hacerse con los premios técnicos, de sonido y de efectos especiales. Por supuesto, también a convertirse en blockbusters. No olvidemos que ese es uno de los principales objetivos de la factoría norteamericana. Se han visto auténticos fracasos, verdaderas birrias, pero cuando el trabajo está bien hecho (muy bien, en este caso), debe aplaudirse. Sobre todo, si no ocurre en muchas ocasiones.

Quizá solo deberíamos diferenciar entre buenas y malas películas, y a partir de ahí, entrar en matices, no etiquetarlas por géneros, ni mucho menos apartarlas por pertenecer a uno u otro. Hasta ahora, la saga Misión imposible había sido, básicamente, un producto de entretenimiento con una cara muy reconocible: Tom Cruise, su leal productor y actor. Con el paso de los años, se ha ido diluyendo. Realmente, a la segunda, tercera, e incluso cuarta, la misión parecía inalcanzable; sin embargo, su mítica melodía ha continuado persiguiéndonos y retumbando en nuestras cabezas.

La estructura de Misión imposible: Fallout es similar a la de sus predecesoras. Ethan Hunt se encuentra, de nuevo, al borde del precipicio. Hay un plan que sale mal y… buena suerte, Ethan. Todos nos podemos imaginar el final. Tendrá que salvar al mundo entero de una catástrofe. Pero Hunt se preocupa tanto por una vida como por millones. La ruleta da vueltas, giros y más giros, e, inevitablemente, nos mantiene en vilo hasta su conclusión con escenas espectaculares, de impacto, impecables. Conjuga momentos emocionantes y adrenalínicos con otros ocurrentes y divertidos, humorísticos, en definitiva. Es retorcida, pero funciona a las mil maravillas. Tom Cruise se preparó físicamente durante un año. Durante el rodaje, se rompió un tobillo. Pero nadie puede con él. Supera a cualquier James Bond. Ni siquiera la competencia más férrea del superagente August Walker, interpretado por Henry Cavill (Superman). La técnica del bisturí y la del martillo pilón, cara a cara.

Con la llegada de Christopher McQuarrie a la dirección y al guion de la franquicia, en Misión imposible: Nación secreta (2015), se empezaron a vislumbrar unos cambios (y la predilección por las persecuciones en moto) que ahora han madurado. Pero no ha perdido su esencia. Con McQuarrie, la saga ha recobrado fuerza. Más que nunca, se nota la mano, magistral, del director. Misión imposible: Fallout es, con diferencia, la mejor entrega de toda la saga y una de las mejores películas de acción que se han hecho en los últimos tiempos. Por fin. A la sexta fue la vencida.

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