En la parte rossonera de Milán no se viven días tranquilos. Los aficionados del histórico club italiano parecen balancearse entre la ilusión por una directiva que les promete traer de vuelta los días dorados y la permanente sensación de incertidumbre que rodea todas las acciones que su equipo lleva a cabo. La realidad del Milán es la de una institución que todavía padece el agujero de inestabilidad que se ocasionó con la última etapa y posterior salida de la presidencia del polémico Silvio Berlusconi.

El eterno mandatario rossonero vendió las acciones del club al que dedicó treinta años de su vida a un holding chino por 740 millones de euros. El nuevo presidente pasaba a ser Yonhong Li, que ha durado en el equipo italiano poco más de un año. En este periodo destacan una acusación del New York Times de falsead de identidad, una investigación por supuestas irregularidades en la compra del Milán y, para rematar la faena, una bancarrota.

En el plano deportivo le fueron mejor las cosas. Con la destitución de Montella y la llegada de Gatusso al banquillo, los rossoneri remontaron el vuelo y terminaron en posiciones europeas. Pero a San Siro todavía no ha llegado el día en el que se pueda dormir tranquilo. La gestión deportiva de Yonhong Li pasó por alto el fair play financiero y la UEFA entró de oficio privando a los italianos de jugar en Europa. Finalmente, el TAS aceptó el recurso presentado por el nuevo consejo del Milán y canceló la sanción.

La directiva china ya forma parte de la historia negra de los rossoneri. Después de que expirara el plazo para que el empresario asiático hiciera frente a su deuda de 32 millones de euros con el Milán, el fondo inversor norteamericano Elliot hizo oficial la compra y gestión total del club italiano. El nuevo grupo ha prometido una inversión a corto plazo de 50 millones de euros para crear un proyecto serio con miras a la Champions League.

El cuadro organizativo del Milán ha sido reformado al completo, con la llegada de Paolo Scaroni como nuevo presidente y las destituciones del consejero delegado, Fassone, y el director deportivo, Mirabelli. «Nos encontramos en un momento crítico en la rica historia del club, y todos estamos agradecidos por tener un nuevo propietario comprometido con que el Milán se reencuentre con su gloria pasada”, afirmó Scaroni a los medios oficiales.

A San Siro han llegado Reina, Strinic y Halilovic, además del exfutbolista y entrenador brasileño Leonardo, que asumirá la dirección deportiva. El club rossonero está viviendo un proceso de renovación tan grande que podría llevarse por delante al mismísimo Gatusso, uno de los ídolos de la afición y el actual entrenador. Todo a fin de borrar la más mínima huella china de la entidad italiana. Los medios deportivos del país especulan que, en caso de cambiar de técnico, el elegido para comandar la nave sería Antonio Conte.

En materia de altas y bajas, el Milán está siendo el gran animador del mercado. La nueva dirección del club parte de la base de que no habrá éxitos si antes no hay estabilidad. Una forma elegante de decir que hay que hacer caja y no volverse locos con las incorporaciones. Quien no se sienta comprometido con el proyecto tiene las puertas abiertas. Parece el caso de Bonucci, que en tan sólo una temporada habría perdido la ilusión y desearía regresar a Turín. El Milán demandaría entonces como moneda de cambio al Pipa Higuaín, sin sitio en los planes de Allegri tras la llegada de Cristiano.

Otro de los que podría hacer las maletas, sin tiempo casi para deshacerlas, es Pepe Reina. El portero español cambió el sur por el norte de Italia y, ahora, podría regresar a Inglaterra. Su buen amigo y exentrenador, Maurizio Sarri, lo tendría en su lista de deseos si, como parece, Courtois se termina marchando de Londres rumbo al Santiago Bernabéu.

La hinchada del Milán ha sido una de las más sufridoras del fútbol europeo en los últimos años. Han pasado de ver como su equipo peleaba por todos los títulos e imponía un respeto de grande que gana los partidos con el escudo a celebrar como una Champions particular entrar en Europa League a última hora. Los aficionados rossoneri viven en una montaña rusa que parece no tener fin.

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