Permitan una obviedad: el campeón del Tour se define por la clasificación individual, única y exclusivamente. No es habitual que en el palmarés histórico se incluya el equipo del ganador y casi nadie lo reclama. Si les pregunto con qué marca comercial ganó Carlos Sastre el Tour, sólo los aficionados de buena memoria sabrán responder (CSC Saxo Bank). Si les pregunto por el equipo de LeMond en 1989, cuando se impuso a Fignon en París, ya haremos una buena criba entre los expertos (ADR).

El Tour, como el Giro y la Vuelta, premia en primer lugar al mejor ciclista y el resto son clasificaciones secundarias. A partir de aquí, la contrarreloj por equipos es una perversión porque incide en una desigualdad que existe sin necesidad de potenciarla: si cuentas con un buen equipo, tienes más posibilidades de competir. Pero si encima dispones de un equipo poderoso en el crono, partirás con uno o dos minutos de ventaja.

Un ejemplo entre varios. Sin la contrarreloj por equipos, Perico hubiera ganado el Tour que perdió contra Roche en 1987. El irlandés le aventajó en 40 segundos; antes, el Reynolds había perdido 1:39 en la crono por equipos.

Nunca funcionó este invento, presente en el Tour antes incluso que las contrarreloj individuales (1932). En 1927 y 1928, Henri Desgrange, patrón de la carrera, decidió que las etapas llanas se correrían por equipos, nada menos. Quería evitar las llegadas masivas y las jornadas pacíficas. Pensó que si los favoritos no estaban pendientes de sus rivales correrían sin reservas. Si buscaba emoción, se equivocó de pleno. Los grandes equipos impusieron su ley, el público se aburrió mortalmente y las heroicidades, ingrediente fundamental del ciclismo, quedaron reducidas al mínimo.

Desde entonces, el Tour peca cada poco y se arrepiente cada cierto tiempo. Este año nos ha servido una contrarreloj que podría ser decisiva, Nairo me dará la razón. Cuesta imaginar una etapa de gran montaña que pueda provocar tantas diferencias entre los favoritos, y no es justo. La clasificación individual debería estar determinada, en la medida de lo posible, por el esfuerzo personal de los ciclistas. Y, en este caso, la justicia coincide con el espectáculo (suele ser al revés). Los espectadores no reclaman cronos por equipos en mitad de semanas tediosas. Quieren sorpresas, emoción y héroes. Y digo héroes, no equipos heroicos. Establezcan si quieren una clasificación de directores deportivos para calmar los egos que viajan en los coches. Pero dejen en paz a Walkowiak o terminarán por quitarle del palmarés.

2 Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here