Me he pasado años renegando de la primera semana del Tour, maldiciendo las escapadas sin futuro, el homenaje a los sprinters o los kilometrajes eternos. Algo ha cambiado de un tiempo a esta parte, o tal vez haya cambiado yo. Ahora sé que la primera semana es más relevante que la tercera. En los últimos días de una gran vuelta se compite contra otros ciclistas, generalmente todos en condiciones igualitariamente penosas; en los primeros se pelea contra el destino, o contra la suerte, concretamente contra la mala.

Algo similar ocurría en el colegio. Los principios básicos del comportamiento estudiantil (libro no escrito) aconsejaban no mirar al profesor cuando buscaba un voluntario o un reo, disimular sin exageraciones. El mismo ejercicio de invisibilidad debe practicar un ciclista. No exponerse, evitar las cámaras, escabullirse del helicóptero. El destino también busca voluntarios.

La primera etapa del Tour nos recordó que no hay paseos tranquilos, menos aún de 200 kilómetros. Siempre hay maceta que te amenaza, o un piano, o un excremento de rinoceronte. Froome lo sufrió en sus carnes, si bien su caso presenta otras ramificaciones. Son tantos los ojos que le miran, y le miran mal, que sus posibilidades de ser atacado por el destino se multiplican. Personalmente, no descarto que el permiso para correr se acompañe de alguna recomendación para abandonar cuanto antes. Recomendación escrita o moral, planteada por una voz ajena o interior. El quinto Tour de Froome estaría siempre acompañado de un asterisco. De momento, ganan todos. El corredor insiste en su inocencia, el Tour en su diginidad y la UCI en sus miserias. Sin embargo, el equilibrio no se sostiene durante tres semanas, salvo que Froome se retire o pierda tiempo en algún lugar insospechado. No digo que haya saltado hacia la campiña de forma voluntaria, pero los caminos del señor son inescrutables.

El mejor Tour en años (así lo intuyo y deseo) ha comenzado con una sacudida que no provocarán los Alpes. Froome ha perdido 50 segundos y tanto Nairo como Bernal más de un minuto. En el mundo del ciclismo también hay reglas que no es necesario escribir: Nunca enfades a un escalador colombiano.

A estas horas solo nos queda por saber si Colombia celebra más la victoria y el liderato de Gaviria de lo que lamenta los contratiempos de sus estrellas. Algún amigo nos lo dirá, probablemente una amiga. Quede como anécdota que la televisión francesa indagó tanto en la intimidad del ganador que lo descubrió desnudo poco antes de salir al podio. La intromisión nos sirvió para comprobar que Gaviria es grande, de frente y de perfil.

1 Comentario

  1. Es una pena que seas tan avaro con tus crónicas de ciclismo, porque cuando escribes lo haces de manera soberbia.

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