Horas antes de la final de este Mundial leía en la prensa deportiva el titular de una crónica: La Potencia contra la Resistencia. Se refería a la potencia francesa frente a la resistencia croata. Sin duda, hablamos de dos capacidades ‘condicionales’ fundamentales para jugar al fútbol.

Esta afirmación resume claramente lo que nos ha dejado este Mundial. El apartado físico ha sido determinante en la mayoría de los partidos y el resultado de la final, proclamando a Francia como campeona del mundo, no ha hecho más que ratificarlo.

La ‘excelencia’ física ha superado ampliamente los aspectos técnico-tácticos, incluyendo en este apartado los de posesión de balón, que han bajado considerablemente respecto al último Mundial. Lothar Matthaus, campeón del mundo con Alemania en 1990, en una reciente entrevista alertaba de esta diferencia.

De hecho las tres primeras selecciones que supuestamente subirían a un hipotético podio de ganadores, Francia, Croacia y Bélgica, han tenido en sus filas a los jugadores más veloces, más potentes y más resistentes de todo el torneo.

Nadie ha corrido más rápido que Mbappé (37 km/hora) con Francia. Nadie ha acumulado más kilómetros en sus piernas (entre 12 y 14 km de media por partido) que Modric y Kanté, de Croacia y Francia. Y, por supuesto, nadie ha ‘exhibido’ más potencia en conducciones con balón en distancias largas (entre 40 y 60 metros) que Hazard con Bélgica.

Y estos ‘descomunales’ esfuerzos los han repetido una y otra vez en cada partido. Son auténticos atletas que juegan al fútbol.

El camino está trazado, aunque algún ‘purista’ afamado como Xavi Hernández se sienta contrariado ante la evidencia y sea capaz de afirmar en una reciente entrevista: «En este Mundial solo ha brillado el físico y el rigor defensivo»… Como si esto no fuera fútbol.

Espero y deseo que esta radicalidad no influya en los profesionales del fútbol y sean capaces de sacar las conclusiones que nos deja el Mundial y apliquen en sus prácticas diarias el imprescindible ‘equilibrio’ que debe existir entre los objetivos físicos y los objetivos técnico-tácticos. No se puede ni se debe desequilibrar la balanza ni a un lado ni a otro, como se ha hecho en muchas ocasiones en los últimos diez años y así nos ha ido.

En otros cuatro años vendrá un Mundial como el que acabamos de disfrutar y nos despierta a una realidad aplastante: El FÍSICO ha impuesto su ley. Amén.

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