En varias entrevistas concedidas en el auge de su carrera, Iker Casillas especuló con la idea de que su suerte pudiera cambiar de pronto. No era un comentario evidente y pasaba inadvertido entre las preguntas típicas y las respuestas habituales. No sé decir si era un apunte recurrente en sus declaraciones, porque no las escuché todas, pero sí lo bastante repetido como para concluir que Casillas no las tenía todas consigo. No es frecuente que un futbolista de éxito sea consciente de su buena fortuna y menos aún que acepte la posibilidad de perderla.

Aunque suene ridículo debo confesar que, cada vez que percibía sus precauciones, me sentía identificado con Iker. Digo que es ridículo porque nunca compartí su éxito, ni versiones remotamente inferiores, solo esa sensación de fragilidad que a él y a mí nos inspiran, por lo que se ve, las buenas rachas.

Cuando Casillas fue engullido por el tornado Mourinho lo tomé como el trágico cumplimiento de una premonición, la suya. Nunca he visto a un futbolista tan abandonado por la suerte, ni tan repentinamente. No entraré en detalles conocidos ni en comparaciones personales en miniatura. El entrenador inició la lapidación y la turba le siguió.

Lo siguiente, para aliviar las conciencias, ha sido la negación de Casillas como mito. Así se explica el interés por publicitar sus errores en el Oporto y bajo esa misma perspectiva debemos analizar también las mínimas referencias a él en el pasado Mundial, cuando los fallos de De Gea invitaban a recordar, en contraste, los milagros de Iker.

En ese afán por desacreditar a Casillas, las redes sociales han sido fundamentales como propagadoras del desprecio, todavía lo son. Que Iker haya querido plantar cara en ese mismo campo de batalla es tan comprensible como desaconsejable. El desgaste que provocan las redes es algo que debería evitar quien ha sido el mejor portero de la historia del fútbol español y el capitán de nuestros éxitos. Ese es el título que tiene que defender antes de picarse con algún patán o de poner en duda —quiero pensar que como divertimento— la llegada del hombre a la luna.

Casillas tiene un papel que representar y no debería renunciar a él. En un Real Madrid sin oposición ideológica, Iker es una voz que debería ejercitarse más y, a ser posible, en foros más solemnes. Su influencia también debería alcanzar el ámbito de la Federación. Si se decidiera a hacerlo, si asumiera su importancia como mito, corregiría una desviación de la historia y anularía el reproche más básico que le hacen sus detractores: que nunca sale por alto.

Quién lo sabe. Tal vez entonces cambiara de nuevo su suerte.

1 Comentario

  1. Pues me gusta. Y no es fácil dar con un artículo de fondo y forma en el deporte. Animo y a escribir más.Ataturk.

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