En las declaraciones que hacía Cristiano Ronaldo en la final de la Champions dejó entrever que su etapa en el equipo blanco estaba a punto de terminar, probablemente ese fue el momento en el que la Juventus aprovechó para lanzarse a por su fichaje. Fue la señal de que la suerte del jugador estaba echada.

La Juve lleva años dominando la competición doméstica, pero hace veintidós que no reina en Europa. Firmando los servicios del fenómeno intuyen que este año pueden llegar a la final de Champions y ganarla. Es un plan.

Después de superar la sorpresa del traspaso, empiezan a surgir las ideas que no atienden a una base real de cuáles pueden ser las razones de esta descabellada, podríamos decir, decisión. Se habla de dinero, de que no se siente valorado, de que tiene problemas con Florentino etc, etc., etc.

Sin embargo, una vez más la fisiología del ejercicio nos da la respuesta. Cristiano es muy inteligente y sabe que los años le pasan factura. Aunque con cierto desdén justifique que jugadores con su misma edad (en febrero cumplirá 34 años) se vayan a China o a Japón a jugar al fútbol, o que ignore las afirmaciones de Aurelio de Laurentis, presidente del Nápoles, que renuncia al fichaje de Benzema por «viejo»… ¡Y solo tiene 30 años!

Cada uno es muy libre de huir a donde quiera. De jugar en una liga mas confortable, un estadio menos exigente; en definitiva, de cambiar oro por otro metal. Cristiano, en su huida hacia adelante, sabe que cada año que pasa su porcentaje de grasa aumenta un 2%, que sus arterias se endurecen, que su volumen minuto (cantidad de sangre que bombea el corazón en un minuto) disminuye y, consecuentemente, su frecuencia cardíaca aumenta más de lo aconsejable para mandar el oxígeno a la musculatura implicada.

Todo este proceso repercute en la recuperación, que se hace mas lenta. Su respuesta motora (movimiento) ante los ciertos estímulos (balón, contrarios, espacios) no tienen la frescura de antaño y la potencia de su fibra rápida ya no le permite superar a los contrarios. Ya no es el rey del uno contra uno, lo que viene a ser el ABC del fútbol. Y todo esto tiene un nombre: la alta intensidad, exactamente lo que nos dejó el último Mundial. La fisiología dixit.

Cristiano conoce esta realidad y la asume. Seguirá metiendo goles, faltaría mas, pero la plenitud física ya no es la misma. Es ley de vida. El canto del cisne se acerca cada año un poquito más.

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