Fernando Belasteguín y Pablo Lima están de vuelta. Si alguna vez se fueron, se tomaron un parón o tuvieron que detenerse en el camino, han decidido volver. Y de qué forma. Tras una semana brillante y tras superar diversas dudas han logrado imponerse en la final a la pareja número dos, Sanyo Gutiérrez y Maxi Sánchez, por un inapelable 6-0 y 6-2.

La gran final masculina del Estrella Damm Valencia Master se presentaba tan morbosa en las cábalas como determinante en lo deportivo. El número uno estaba en juego tras cuatro años de reinado de Belasteguín y Lima y Sanyo y Maxi aparecían al acecho tras un inicio de temporada para enmarcar. Todo se había confabulado para que, a la primera oportunidad real de relevo, se decidiera el reinado del pádel en una gran final. Y en un Master. Y con las parejas uno y dos en estado de gracia. Los mejores alicientes en el mejor escenario. Un capitulo más para la historia del pádel. Y así sería.

Y sí, entraría en la historia del pádel esta final, pero no sería por lo que casi todos esperaban. Se barruntaba en el ambiente que por primera vez podía haber una pareja que bajara a Bela y Lima del número uno, pero no sería así. La final de Valencia será un glorioso capítulo de la hemeroteca del pádel por la lección que los números uno dieron. Por estar dónde, cuándo y cómo se debe estar. Por defender el número uno como quizá nunca se hizo.

Porque Bela y Lima, Lima y Bela, tenían entre ceja y ceja esta cita. Sabían lo que estaba en juego, conocían cuál era el riesgo y se notó desde la primera bola. Quizá incluso desde el calentamiento. Si acostumbran a comenzar a relajados, a ir engrasando con el caminar del partido esa maquinaria casi perfecta que les hace imparables, esta vez lo harían desde el primer juego.

Salieron con una, dos o tres marchas más que sus rivales, elevaron la velocidad del juego a cotas rara vez vistas y, metafóricamente, sacaron a palazos de la pista a Sanyo y Maxi. El resultado, un pluscuamperfecto 6-0 a su favor. Un set para recordar. Con todo perdido si el partido continuaba ese guión, el paso por los banquillos se antojaba clave para la reacción de Sanyo y Maxi. Y lo intentaron. Como hicieron exitosamente ante Paquito Navarro y Juan Martín Díaz, pero con un resultado diferente. Pelearían, pero esta vez sería en balde. 

No había parón, espacio ni resquicio para pensar. No había bolas de perdón ni segundos para respirar. No había lugar donde Bela y Lima no impusieran su ley. Como en sus mejores tiempos. Quizá mejor o con más autoridad. Dominaban cada faceta del juego como el tiempo cada segundo del minutero. Mejoraron Sanyo y Maxi, consiguieron mostrar pinceladas de su mejor juego, pero eran meras gotas golpeando contra el mar. Bela y Lima mantuvieron el nivel, pelearon con más firmeza cada tesitura que plantearon sus rivales y ejecutaron de nuevo el plan marcado. El resultado, casi el mismo, 6-2 a su favor.

Una final rápida, indolora y casi aséptica. Como lo es la mejor versión de Belasteguín y Lima. Firme, contundente y sin florituras, pero con el objetivo conseguido. La victoria más importante para defender el número uno en la primera batalla. Veremos cuánto dura la guerra.

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