Con su inconfundible sonrisa y muchos más kilos en su cuerpo desde aquel hito para la Noruega futbolística hace 20 años, Ronaldo encendió la llama ante una cita que sólo el esfuerzo de la Federación Noruega de Fútbol (NFF) hizo realidad. “El fútbol es increíble y nos permite la oportunidad de enfrentarnos ahora 20 años después”. Oslo acogió el pasado sábado un partido delicioso donde se pudo ver en acción a gran parte de la selección brasileña que en el Mundial de Francia 98 cayó derrotada (2-1) en la fase de grupos ante los noruegos dirigidos por Egil Drillo Olsen. Con Ronaldo de entrenador, Brasil venció por 3-0 y vengó así la derrota de hace dos décadas, además de acabar con una extraña maldición: los brasileños jamás habían ganado a Noruega (dos empates y dos derrotas).

El cóctel de estrellas fue sencillamente espectacular. Nadie hasta ahora había logrado reunir a muchos de los virtuosos de aquella canarinha que deslumbró al mundo con aquel anuncio para la firma Nike en un aeropuerto desbordado por la inmensa calidad de aquellos cracks entre maletas, aviones y pasajeros. Ronaldo aglutinó de camino a Rusia a una buena representación de esa mítica selección (Roberto Carlos, Zé Roberto, Emerson, César Sampaio…) para enfrentarse al combinado noruego que encabeza André Flo y donde no faltarán ni Frode Grodås ni Kjetil Rekdal entre otros.

El Velodrome de Marsella asistió atónito una noche de junio veinte años atrás a la remontada de Noruega en un alocado final de partido. Brasil mandaba en el marcador con un gol de Bebeto a pase de Denilson, pero la selección carioca no convencía y los de Mario Zagalo cayeron cuando no perdían un partido desde el Mundial de Italia (entonces Argentina les envió a casa). “Brasil sólo se jugaba el prestigio”, decían las crónicas porque ya estaba clasificada, pero Noruega se metió en octavos con esta inolvidable victoria.

No hubo momento de más gloria en la historia del fútbol noruego. Y conviene rememorar aquella noche que forma parte de la mitología nórdica. Aquel penalti postrero de Junior Baiano transformado por Rekdal elevó a los altares a un equipo que inesperadamente se clasificó apartando del camino a Marruecos. Zagalo no cambió el once esa noche (Taffarel, Cafú, Roberto Carlos, Junior Banano, Goncalves, Dunga, Rivaldo, Leonardo, Denison, Ronaldo y Bebeto) y aunque esa selección alcanzó la final de París, el sueño carioca lo frustró Zidane y un equipo francés de leyenda.

En Brasil no entienden como la CBF no haya sido capaz de reunir a sus figuras para eventos de tal calibre. De hecho, la iniciativa para realizar este partidazo en Oslo provino de la Federación noruega y dos medios de comunicación del país. El contacto fue particular con los astros brasileños que aceptaron la llamada para reunirse de nuevo, vestirse otra vez de corto y hacer las delicias de los privilegiados que revivieron el ‘milagro de Marsella’.

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