Hacer las cosas bien, tener la clasificación obtenida antes de disputar el último partido de la fase de grupos, tiene la ventaja de darte mucho tiempo para pensar. El problema surge cuando tienes pocos motivos para hacerlo. Con seis puntos de seis posibles, un buen puñado de goles, sin problemas internos, sin jugadores cuestionados, el sistema de juego consolidado y la alineación titular meridianamente clara, el tiempo de un entorno mediático tan productivo como el de la selección inglesa puede transformarse en una bomba. Afortunadamente no ha sido así y las horas previas al último partido se dedicaron a un tema casi folclórico. La conveniencia (o no) de ganar a Bélgica.

Como lo oyen. La teoría al respecto parecía infalible. Quedar segundos de grupo equivalía a incorporarse en esa parte del cuadro que los superexpertos, con su poderío habitual, han calificado de “fácil”. Suiza o Suecia en cuartos y España, Rusia, Croacia o Dinamarca en semis. Previsiones que, por supuesto, obviaban en los octavos a una Colombia siempre incómoda. Creo que la realidad, o si no que se lo digan a Alemania, debería provocar un discurso diferente entre los profesionales. Escuchando a Southgate pensé que él era distinto. Inglaterra no ha ganado una eliminatoria de play-off desde 2006, dijo. Estamos como para hacer cuentas sobre qué rival es mejor en cuartos, matizó. Chitchat, como dicen por aquellas tierras.

La realidad es que muy en serio no se lo han tomado. Ni ellos ni los belgas, pero especialmente los británicos. No sé si salieron a perder (no lo creo), pero la alineación inicial del equipo presentaba demasiadas novedades como para no sospechar que perder, como mínimo, no suponía un drama. Salvo el portero (Pickford) y Stones en el eje de la zaga, todos los demás eran jugadores reservas. Lo gracioso del asunto es que los belgas hicieron prácticamente lo mismo.

La propuesta inicial de los ingleses parecía ser la habitual, pero el desarrollo no tuvo nada que ver. Faltaba velocidad, faltaba tensión, faltaban ideas y en definitiva faltaba competición. Los ingleses se ceñían a ese 3-5-2 de presión avanzada y ganas de tener el balón, pero lo cierto es que no lo tenían y cuando por fin lo recuperaban no hacían nada con él. Se limitaban a lanzar balones en largos a Vardy. Balones que luego no llegaban a ningún sitio. Apenas tuvieron ocasiones de gol en los primeros cuarenta y cinco minutos, más allá de algún tímido acercamiento a través de una de sus armas principales: el juego a balón parado.

Los belgas, respetando también su esquema clásico de tres centrales, intentaban elaborar algo más el juego, pero les faltaba velocidad y les sobraban pases horizontales. Acababan perdiéndose en la espesura de ese juego especulativo, de toque inútil, que puede llegar a ser desesperante. De hecho se escucharon varios pitos en la grada a este respecto. El único bagaje ofensivo de toda una primera parte que fue bastante aburrida, se puede resumir en dos intentos de Bélgica. Un tiro lejano de Tielemans y un pequeño barullo en el área inglesa en el que Pickford tuvo que sacar el balón de la línea de gol.

La segunda parte comenzó por los mismo derroteros pero a los pocos minutos Januzaj se sacó un golazo de la manga con el que no contaba nadie. El de la Real Sociedad se hizo hueco en la parte derecha del área grande y lanzó un zurdazo imparable para el portero inglés. El gol invitaba a pensar que la actitud de los protagonistas podía cambiar. No lo hizo. Bélgica se situaba ahora primera de grupo pero a Inglaterra le dio igual. ¿O era precisamente lo que quería? Eso parece. Ni un cambio significativo (Maguire por el único central titular y Welbeck para probarlo), ni el más mínimo amago de reacción. De hecho fue mejor una Bélgica que, sin hacer ningún exceso, tuvo más el balón y lo trató con bastante más criterio. Me gustó Fellaini, muy por encima de compañeros y rivales.

Rashford tuvo la mejor ocasión del partido cuando todavía faltaban más de veinte minutos para terminar, pero desperdició un gran pase de Vardy que lo dejó solo delante de Courtois. A partir de ahí las mejores ocasiones volvieron a caer de lado belga, que a punto estuvo incluso de ampliar el marcador con el tiempo ya cumplido.

Tengo un amigo que suele decir que cuando no te juegas nada, nada es lo que sueles encontrar. Hoy, desde luego, tengo que darle la razón. Los ingleses tendrán que enfrentarse el martes contra Colombia. Seguramente es lo que querían. Veremos entonces de qué han servido los ejercicios de videncia.

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