Estábamos avisados. Tarde o temprano el potencial de Francia iba a dejar de ser una promesa para convertirse en una realidad. También sabíamos que el partido ante Argentina iba a ser una final anticipada, era el único cruce de octavos entre dos campeones del Mundo. Se presentaba como un enfrentamiento entre Messi y Griezmann, pero, en verdad, el hombre del partido no fue ninguno de los dos. Fue Kylian Mbappé, o mejor dicho, Monsieur Mbappé. Porque a este joven ya hay que tratarle de usted.

Por un momento, vimos un fenómeno sobrenatural, la mejor acción individual en lo que va de Mundial. Cogió el balón en la frontal del área para llevarla al otro extremo y provocar un penalti que adelantaría a Francia en el marcador. La carrera de Mbappé iba a más fotogramas por segundo de lo que el ojo humano puede percibir. Absolutamente delirante, para volverse loco. Solo él iba en cámara rápida. En esa galopada, propia de una gacela (un animal que casi alcanza los 100 km/h), parecía que iba a despegar y echar a volar, y eso no es más que una metáfora del futbolista que tenemos por delante. Aunque, realmente, lo de hoy no ha sido un despegue, sino más bien el aterrizaje de un jugador que va a marcar una época.

Lo descubrimos hace poco más de un año. Era el chico que acompañaba a Falcao en la delantera de un Mónaco que enamoró a media Europa. Su temporada no pasó desapercibida para los grandes equipos y el PSG llamó a su puerta. Los petrodólares árabes (180 millones de euros costó su fichaje) lo juntaron con Neymar y, a estas alturas, seguramente el Real Madrid se esté tirando de los pelos, sobre todo, porque pudo tenerlos a los dos y, por el momento, se ha quedado sin ninguno. Por esta vez, Nasser Al-Khelaïfi ha ganado la batalla a su amigo Florentino.

Pero no quiero ni imaginar el valor desproporcionado que ya solo con la actuación de hoy cotizará en el mercado, prohibitivo seguro, inaccesible también. Porque el contexto marca los hitos. Y no hay mejor escenario que eliminar a la Argentina de Messi, probablemente el mejor futbolista de todos los tiempos, condenado a no ganar un Mundial. Con dos goles y un penalti, eso hizo un chico de 19 años al que Deschamps sacó del campo a pocos minutos del final. La ovación, como en cualquier función de teatro, era justa, solo que, aunque parezca mentira, en el espectáculo de hoy no hubo nada fingido ni artificial. Mbappé es una realidad, su nombre ya ocupa un lugar en la historia de los Mundiales.

2 Comentarios

    • Si seño.Por todos conocide que el jugador francés es un portento pero el periodista es más preciso y ahonda acertadamente en su descripción.Si fuese de otra forma el silencio sería el protagonista.Muy bien Marcos.

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