Por primera vez en la historia de los Mundiales el fair-play ha salvado a un equipo de irse a casa. Japón es la primera selección que por tener menos cartulinas que su competidor, Senegal, se clasificará para la siguiente fase. La nueva normativa impuesta por la FIFA ha permitido que el conjunto nipón se enfrente en los octavos de final Bélgica.

Makino terminó el partido con una amarilla; de haber visto la segunda Japón se hubiera quedado fuera. A partir de ahora, los equipos tendrán que incluir esta contabilidad en sus estrategias. Si Senegal lo hubiera previsto, se habría ahorrado algunas de las seis tarjetas amarillas que le condenan en comparación con las cuatro japonesas. De haber existido también un empate en las amonestaciones, la Comisión Organizadora de la FIFA habría realizado un sorteo.

El pase japonés no estuvo exento de polémica. Con la certeza de que Colombia iba ganando a Senegal, los jugadores nipones aceptaron la victoria de Polonia y se pusieron a tocar el balón en su propio campo sin generar ningún peligro, esperando que se pasaran los pocos minutos que le quedaban al tiempo reglamentario. Algo que no sentó nada bien a los espectadores que se dieron cita en el Volgogrado Arena y que rechazaron la conducta con silbidos. Las órdenes del seleccionador Nishino eran claras: nada de arriesgar. El solitario gol de Bednarek supuso que ambas selecciones disfrutaran con el pitido final.

Polonia, que ya estaba eliminada, consiguió su primera victoria en este Mundial, y la primera ante Japón, ya que las dos veces anteriores había caído. Este Mundial podría ser el último para Robert Lewandoski, que anunció hace pocos días que el choque ante Japón significaría la despedida para muchos integrantes de la selección, dando a entender que él estaba entre ellos. El delantero del Bayern de Múnich, de 29 años, también lanzó un guiño al Real Madrid, al comentar que no le gustaría estar toda su carrera en la misma liga; la Bundesliga.

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