De 36 años a un día. De una vida a un suspiro. De la eternidad a la víspera. Los peruanos han esperado tanto tiempo que las pocas horas que faltan para que Perú vuelva a jugar un Mundial parecen años. Hemos gozado, frente a nuestros televisores, del partidazo entre España y Portugal con una sensación distinta a la habitual: admiramos el fútbol de élite del que ahora, como por milagro, somos parte. Este servidor nunca había sentido que ese tiro libre de Cristiano bien hubiera podido ser atajado por el arquero nacional, o que probablemente el árbitro será más estricto con nosotros que con los españoles. Ahora, aunque no lo creamos, estamos ahí.

Dicho todo esto, el romanticismo se acabará cuando el árbitro dé el pitazo. A partir de ese momento, será un partido de fútbol a todo dar, en el que dos selecciones que pelean por lo mismo —según la lógica, alguno de los dos debería ser el escolta de Francia en el grupo C, por encima de Australia— dejarán todo para seguir con el sueño. Si bien es cierto que los 36 años de fracasos podrían significar un peso para los jugadores peruanos, también suponen una motivación extra: no hay mucho que perder y demasiado por ganar.

De cara al partido, Ricardo Gareca tiene sólo una duda: hay cuatro jugadores que pelean por tres puestos en ataque. En las últimas dos sesiones de entrenamiento, el entrenador argentino ha parado un equipo sin Paolo Guerrero. El delantero, que estuvo sin jugar por más de seis meses debido a una suspensión de la FIFA, sólo ha disputado los dos últimos amistosos y parece estar falto de ritmo de juego, por más que frente a Suecia hizo un buen partido después de sus dos goles a Arabia Saudita. Ante la ausencia de Guerrero, Jefferson Farfán sería el jugador más adelantado, secundado por André Carrillo, Edison Flores y Christian Cueva en la segunda línea de volantes.

Si Guerrero vuelve al once, no se sabe con precisión a quién reemplazará, aunque probablemente sea Farfán el que le ceda su lugar para convertirse en un arma importante desde el banquillo. El resto del equipo lo sabe cada uno de los treinta millones de peruanos de memoria: Gallese; Advíncula, Ramos, Rodríguez, Trauco; Tapia y Yotún.

La prensa peruana ha estado tan distraída por la ilusión mundialista que ha perdido un poco de vista a la selección danesa. Perú no pierde hace 15 partidos y llega entonado, es cierto, pero ninguno de los amistosos que ha disputado —con excepción, quizás, del que nos enfrentó a Suecia— han tenido la intensidad de uno oficial. Dinamarca es un equipo ordenado y paciente, con aleros veloces y uno de los mejores pasadores del mundo, Christian Eriksen. No será un rival nada fácil, aunque sería justo decir que el partido está para cualquiera de los dos.

Cuando salga el sol de este lado del mundo, aun no podremos creer que los 36 años han pasado. Tendremos que sacudirnos la sensación de irrealidad, frotarnos los ojos y enfundarnos la blanquirroja: esto ya no es un sueño.

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