Los Juegos del Mediterráneo surgieron como una competición entre los países que se bañan en el mar del mismo nombre. Empezaron en 1951 y Alejandría fue la primera ciudad en organizarlos. Al principio, cuando todavía tenían cierta relevancia, se realizaban cada cuatro años coincidiendo con el año anterior a la celebración de unos Juegos Olímpicos. Pero a partir de 1991, se decidió celebrar el evento el año posterior. Tarragona es una buena muestra de cómo ha decaído el interés por esta competición. Los Juegos estaban programados para 2017, pero se retrasó su celebración porque faltaban por entregar 12 millones del presupuesto, consecuencia de la indefinición política que se vivía en España.

Ni siquiera los buenos resultados deportivos están logrando atraer al gran público. España lleva la escalofriante suma de 73 medallas (18 oros, 29 platas y 26 bronces).  Pero el torneo no despierta la más mínima expectación. Sus audiencias son inapreciables. De hecho, si nos metemos en la web oficial de Teledeporte, podemos descubrir que el evento más visto de la competición es la ceremonia de inauguración con Torrá y Felipe VI. Con un 58% de las visualizaciones. El oro que consiguió Lydia Valentín, en la modalidad de arrancada, tan solo ha recibido un 15%.

Parte de la culpa de estos nefastos datos puede ser del Mundial de fútbol. Los partidos acaparan las audiencias estos días. Otra problema puede ser la gestión lamentable por parte de la organización. Durante la entrega de las medallas de los 400 metros libres, las nadadoras premiadas estuvieron en el pódium unos minutos sin que nadie apareciese a entregarles los metales. Mireia Belmonte, cansada de esperar, le colocó la medalla de Bronce a la Portuguesa Diana Duraes. Nada más hacerlo, apareció alguien de la organización para finalizar la ceremonia.

El equipo nacional de Francia en bádminton, al subirse al podio, se encontró con la megafonía del recinto estropeada. Tuvieron que cantar La Marsellesa, a capella, como parte del protocolo de ceremonia.

La escasa presencia de público se debe, según el alcalde de Tarragona, al alto número de entradas que se le había reservado a los atletas. Una huelga de árbitros en la modalidad de lucha o la denuncia de los médicos alegando que no tienen el material necesario para hacer su trabajo, son algunos de los desastres a los que tiene que hacer frente un evento venido a menos.

A falta de público, el bochorno está teniendo abundantes testigos presenciales. Veintiséis países participan en estos juegos. Europa tiene el mayor número de representaciones con diecisiete: Albania, Andorra, Bosnia-Herzegovina, Malta, Mónaco, Montenegro, Portugal, San Marino, Chipre, Croacia, Eslovenia, España, Francia, Grecia, Italia, Kosovo, Serbia y Macedonia. Entre los cinco de África (Argelia, Egipto, Libia, Marruecos y Túnez) y los tres de Asia (Turquía, Líbano y Siria) se completa la lista de participantes.

Países no meditárraneos como Andorra, San Marino o Portugal participan por acuerdos con la organización. Siempre y cuando haya una negociación con estos, los países con frontera adyacentes, también pueden tomar parte en la competición. Israel es el único país que no ha participado de los que pertenecen al mar Mediterráneo.

La delegación española que nos representa en los Juegos del Mediterráneo está formada por 396 deportistas, divididos en 218 hombres y 178 mujeres. España, estará presente en todos los deportes, incluyendo la selección sub 18 del fútbol. A nivel global serán 4.000 deportistas los que competirán en Tarragona, 1.000 jueces y representantes de federaciones internacionales. Hay mil 1periodistas acreditados y 3.500 voluntarios para cubrir las necesidades de la organización.

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