A pesar de ser los inventores del deporte y tener la liga más rica del mundo, el palmarés de Inglaterra en las grandes competiciones futbolísticas es relativamente pobre. Un campeonato mundial en los años 60, jugado en casa y con polémica arbitral en la final. Pero por alguna razón ellos suelen sentirse unos grandes del balompié. Les pasa lo mismo en otros deportes, así que tampoco debería de sorprender. Es como si les gustase inventar pasatiempos como el rugby o el cricket para que luego las antiguas colonias los derroten. Por eso es divertido vivir un Mundial en las islas británicas. El ciclo de la ilusión máxima al batacazo se repite con frecuencia. A mí me recuerda tanto a aquella España de los años 90, cuando siempre creíamos tener el mejor equipo e invariablemente nos volvíamos a casa en cuartos de final. Eso cuando no hacíamos el ridículo en la fase de grupos, como en Francia 98. Los que no somos millennials hemos sufrido mucho con España en los Mundiales, tanto o más que los ingleses.

Inglaterra vive el deporte con pasión. Tanto unos Juegos Olímpicos, como Wimbledon o el Mundial de fútbol. Si se trata de animar a los suyos, se vuelcan desde la previa hasta el día del partido. Una de las cosas que más me sorprendió cuando viví mi primer Mundial en este país fue la gran cantidad de banderas y escudos de los tres leones que se podían ver por las calles. Ya sea en los balcones, en el salón, en los coches o incluso en los puestos de trabajo, los ingleses se ilusionan sin remedio en las previas de los grandes torneos futbolísticos. Casi siempre consideran que esta vez puede ser la suya. Un eterno optimismo de la afición que el equipo se ha encargado de aplastar cruelmente con sus actuaciones en Brasil 2016 y la Eurocopa de Francia. La eliminación a manos de Islandia, un país pequeño geográfica y futbolísticamente, dolió mucho.

Quizás por ello en esta previa del Mundial de Rusia se está notando menos entusiasmo y mucha más cautela. Mientras que los bares y los pubs ya están engalanados anunciando el Mundial en sus grandes pantallas, no se respiran tantas ganas de fútbol en la calle. No se puede palpar ese optimismo que normalmente solía rodear los días previos de un Mundial. Se ven muchas menos banderas en la calle, por ejemplo. Es curioso, porque al contrario que otras veces, la fase de clasificación inglesa fue bastante buena. Para llegar a Japón-Corea 2002, por ejemplo, Inglaterra sólo se clasificó en el último minuto con un gol de falta de Beckham ante Grecia. Incluso los amistosos de preparación los han solventado con facilidad, algo que no siempre ha pasado. Sin embargo, algo parece roto en el ánimo inglés esta vez antes incluso de que se dispute el partido contra Túnez.

A pesar de los resultados relativamente solventes del equipo, el juego de la selección en los últimos años no ha sido bueno. Además los ingleses han visto como su banquillo se veía envuelto en feos escándalos cuando Sam Allardyce tuvo que dimitir como seleccionador nacional al ser pillado por unos periodistas encubiertos aconsejando sobre cómo romper las reglas de la propia federación que regulan los fichajes y derechos federativos de jugadores. De la mano de Gareth Southgate, un entrenador que es considerado de nivel menor en Inglaterra a pesar de su alta preparación futbolística y académica, la selección se ha renovado. Es posiblemente esa incógnita de un equipo con pocas estrellas mediáticas lo que más esté influyendo en el ánimo de la gente. Harry Kane, el delantero del Tottenham, es la única gran estrella de renombre que ha viajado hasta Rusia. Quizás junto a Jordan Henderson, el capitán del Liverpool finalista de la Liga de Campeones.

El resto de futbolistas no son desconocidos, porque juegan habitualmente en sus equipos, pero la mayoría son jóvenes que aún tienen que dar el salto al primer nivel futbolístico. En ningún puesto es más evidente que en la portería, donde se espera que sea titular Jordan Pickford. El arquero del Everton ha dejado muy buenos detalles las últimas dos temporadas, pero no deja de ser un desconocido para el gran público.

La delantera es posiblemente la línea más potente de los ingleses. Junto al citado Kane, Gareth Southgate dispone de jugadores con características muy diversas. Jamie Vardy, el delantero estrella del Leicester, es un cazagoles de área. Marcus Rashford, la joven promesa del Manchester United, tiene velocidad y regate, algo muy parecido a lo que puede dar por la otra banda Raheem Sterling. Y, por supuesto, Dele Alli, el mejor jugador jugador joven del país las dos últimas temporadas, puede arrancar desde la media punta. Tiene tanto pase, como regate y disparo. Para redondear esta delantera tan versátil, Dany Welbeck es uno de los misterios mejor guardados. Relativamente gris con su equipo, el Arsenal, sus registros goleadores con Inglaterra son aceptables: 16 goles en 39 partidos. En su conjunto, aunque quizás no llegue a una delantera de ensueño, los atacantes ingleses sí tienen un grado de versatilidad que puede ser útil para afrontar partidos de muy diverso tipo.

Inglaterra se enfrentará, por este orden, a Túnez (hoy mismo, 20:00), Panamá y Bélgica en la fase de grupos. El calendario ha sido benévolo porque les ha dejado el rival teóricamente más complicado para el final. Aún así, la cautela es la nota predominante en la previa. Tanto los aficionados como la prensa han moderado ese optimismo tradicional porque el equipo es una verdadera incógnita. Hay tantas dudas a su alrededor que por ejemplo no está claro si jugarán con el tradicional 4-4-2 inglés o se decantarán por una defensa de tres centrales, algo que ha probado Southgate en los últimos meses ante los problemas del equipo en el repliegue defensivo. El debate futbolístico sobre cuál de los dos esquemas le viene mejor al equipo ha dominado las últimas semanas y, de momento, parece que la mayoría de los especialistas se inclinan por probar con los tres centrales, una formación que se ha puesto muy de moda en Inglaterra desde que el Chelsea de Antonio Conte la rescatase del baúl táctico la temporada pasada.

Aunque no lo confiesan en público, los ingleses esperan que su selección nacional les dé una alegría en el primer partido contra Túnez. Una victoria ante los africanos podría devolver la ilusión y desatar el optimismo de nuevo. Al fin y al cabo, así es la vida del aficionado al fútbol.

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