El Perú es una novela de Vargas Llosa ambientada en un mundo diseñado por García Márquez. Los personajes son, como los de Mario, complejos, esquivos, duros, marcados por los golpes de la vida. Por otro lado, el contexto y las historias que en él se desarrollan rozan, como las de Gabo, con lo fantástico, lo surreal y lo mágico. Nunca sabemos qué va a pasar, ni mucho menos cuándo. Lo peor de todo es que nos seguimos sorprendiendo. Lo mejor: que nos seguimos sorprendiendo.

Usted, que consume fútbol y que lee las noticias a diario, se habrá enterado de que Paolo Guerrero, el capitán de la selección peruana, se perdía el Mundial por haber dado positivo en una prueba de antidopaje. Después, habrá recibido con cierta alegría (o no, dependiendo de con qué pie patee) la noticia de que el TAS lo perdonaba. Luego, mientras ya se encontraba con medio álbum Panini lleno, le llegó una notificación de Twitter que decía que, contra todo pronóstico, el TAS había aumentado el castigo nuevamente, con lo que el peruano volvía a perderse el mundial.

En el camino, mientras usted, confundido, respondía, cuando le preguntaban, que no tenía ni puta idea, que ya estaba harto de las idas y vueltas, que le daba pena el jugador pero que a la vez ya estaba cansado de verle la cara de “yo no fui”, que no iba a comprar un maldito periódico deportivo nunca más, Paolo viajó de Brasil a Lima, de Lima a Brasil, de Brasil a Suiza. Ahí, se reunió con el mismísimo Gianni Infantino. Unos días después, cuando su celular ya estaba en Modo Avión por defecto, un amigo, como en los viejos tiempos, lo llamó a su casa y le contó: ¡Paolo juega, ya es oficial!

Como usted, después de todo, sin importar con qué pie patea los penales, es un tipo que adora el fútbol y que, como tal, se emociona cuando los peores equipos son los que ganan, cuando los favoritos son víctimas de su arrogancia y cuando pierden los alemanes al último minuto (nunca), inmediatamente después, recuerda las palabras del párrafo anterior, del lunes pasado; recuerda cuando se prometió que ya no le creería a nadie ni mucho menos a los medios, y cuelga el teléfono.

A estas alturas, aunque la FIFA y el TAS y la WADA y el FBI y la CNN y la NBA y la CIA ya hayan confirmado que el delantero utilizará la número 9 en Rusia, ni usted ni yo, ni mucho menos el peruano de a pie, que vive rodeado de noticias improbables, de catástrofes predecibles y de jardines más verdes cuando son del vecino, nos atrevemos a afirmarlo. No queremos ilusionarnos, por más que nuestra ilusión tenga todo el sustento del mundo.

Es posible que mañana todo cambie de nuevo, y ni usted, ni yo, ni el peruano de a pie podamos asegurar que el 16 de junio, en efecto, la selección peruana estará en Saransk cantando el himno al lado de los daneses.

En defensa del Perú, o de quien escriba las historias de los países, nadie dijo que sería fácil.

2 Comentarios

  1. […] Tras seguir con la investigación, el fiscal Carrasco volvió a solicitar prisión preventiva para Oviedo, pedido que fue acogido por la justicia de Chiclayo, que citó al presidente de la FPF para mayo. Ahí aparece el caso Paolo Guerrero como un salvavidas para el dirigente: Oviedo utilizó al delantero peruano para salir del país y mostrarse ante los peruanos como un héroe, con lo que postergó su citación. Ambos fueron a Suiza a entrevistarse con el mismísimo Gianni Infantino, y Oviedo se paseó por estudios televisivos exponiendo el éxito del caso Paolo, que, como sabemos, terminó con el jugador cumpliendo su sueño de disputar un mundial. […]

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