Confieso que yo era de las que estaba convencida que Griezmann se iba al Barcelona. La secuencia de los acontecimientos me llevaba a creer en esa opción con mayor firmeza y sentido de la lógica que en la otra. Y, aunque me parece muy justificable su decisión, me chirría la forma en que la ha publicitado porque, además, le va a generar muchos problemas.

Entiendo que los tiempos nos lleven a buscar nuevas maneras de innovar. Queremos diferenciarnos, dar con fórmulas rompedoras para ganar público. Pero ¿hasta este punto y para algo así? Tengo dudas. Entre el frío y aburrido  comunicado y lo de ayer dista un abismo. Y en ese abismo se ha perdido, creo, más de lo que se ha ganado.

Para empezar, ¿qué pinta un futbolista con contrato en vigor anunciando que se queda? El anuncio, en todo caso, se justificaría si rompiera esa relación. Para este viaje no hacían falta alforjas. O sí, aunque no tan pesadas. Pero el formato no tiene la culpa, cierto. Como tampoco la tiene el hecho de que,  de la forma más impúdica que se imagine uno, se haya llegado a admitir que se negoció con otro club teniendo ya un contrato. Menos mal que enmedio de tanta sinceridad y recogimiento no les ha dado por sacar algún papelito comprometedor. Porque lo que no me creo es que el compromiso con el Barça fuera sólo verbal.

Y luego está la afición, esa que sabe que ha dudado, que se ha cabreado por tanta demora y tanto suspense, pero que hoy es más feliz que ayer, sabiendo que su estrella le ha hecho una peineta al Barça de Messi y  Suárez. Que gracias a él, Gil y Cerezo han exprimido la caja para armar un equipo de órdago a la grande. Y que mañana, aunque la foto de portada no sea para uno de los suyos, podrá ondear la bandera de la lealtad mientras a su vecino, el de blanco, le explican con un plano emocional qué es eso de la fidelidad.

Por cierto: el trailer o publirreportaje (no sé en que género encuadrarlo con precisión) está muy bien tratado desde el punto de vista de la imagen. Lento en el ritmo narrativo. De un valor periodístico indudable. Pero no sé si supone un salto cualitativo importante respecto a una comparecencia pública en la que todos los  profesionales podamos  preguntar. Eso sí…sin abucheos.

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