Las periodistas deportivas estamos hasta los ovarios. De tener que lidiar con machistas que se creen con derecho a sobarte, de la condescendencia de algunos de nuestros colegas masculinos, de los estereotipos que nos utilizan como reclamo: la mayoría de las enviadas especiales al Mundial son jóvenes, guapas y delgadas mientras que para ellos la edad, la experiencia, es un grado, un factor a favor. Los hay mayores, gordos, poco agraciados físicamente y da lo mismo, porque lo que cuenta es la profesionalidad, no el físico.

Ellas tienen un papel secundario. En las tertulias y grandes momentos siempre hay señores antes, durante y después de los partidos analizando, comentando, narrando, dando su opinión, mientras que las periodistas en la mayoría de los casos preguntan a los aficionados disfrazados cómo se sienten o se dejan de sentir. Todavía tenemos que dar las gracias. Por estar y porque determinadas actitudes ya no pasen inadvertidas, sino que se denuncian públicamente. Ha sucedido con vídeos que se han hecho virales, como el de una aficionada japonesa repitiendo “yo soy bien perra”, porque al colombiano le hacía mucha gracia. Desde Colombia, con la etiqueta #Noshacenquedar mal, pidieron a sus hinchas que se comportaran. O una ‘manada’ de brasileños rodeando a una aficionada rusa mientras coreaban ‘buceta rosa’ (coño rubio). Dos de ellos, identificados, eran un policía y un secretario de turismo. O un argentino, Fernando Penovi, que se grabó con una adolescente de 15 años a la que guiaba para que dijera: “Hola argentinos, vengan para aquí, quiero chupar pijas”. A petición del propio gobierno argentino fue expulsado, ya está en su país y ha pedido perdón porque, claro está, no era su intención y, un clásico: ¡Tachaaaaaán! Tiene mujer e hija, así que no puede ser machista. Ni imbécil, claro.

 

 

Y la noticia está en que en la BBC, por primera vez en un Mundial, una mujer, Vicky Sparks, narró el Portugal-Marruecos. Vicky Sparks tuvo que aguantar al técnico David Moyes hace un año cuando él entrenaba al Sunderland y le soltó: “Si fueras un hombre te daría un bofetón”. O que la brasileña Isabelly Morais se convirtió en la primera en narrar un gol de su selección para Fox Sports en el Brasil-Suiza. O que la alemana Claudia Neumann, que lleva nada menos que 24 años de trayectoria profesional, fue la primera en la Eurocopa de Francia y ahora sigue en la cadena ‘ZDF’ en el Mundial soportando los mensajes sobre su voz chillona o su escaso conocimiento sólo por el hecho de ser mujer. La cadena salió en su defensa: “Claudia Neumann cubre fútbol en vivo desde hace años y en las transmisiones aporta calidad con su experiencia profesional. No hay razón para cuestionar su talento”.

Año 2018, siglo XXI, y aún con esta lacra, con estos clichés de mierda a cuestas. Los del machismo cotidiano y continuo de los que muchos, y muchas, siguen sin ser conscientes, esa sorpresa de que una mujer esté tan capacitada como un hombre para trabajar en un Mundial. En España, Laura Martínez de la Cadena SER es la única directora de deportes. Coordina a un equipo de 21 personas en el Mundial y por lo tanto no ha salido del IBC en Moscú, pero es inevitable que, una y otra vez, le pregunten por su género en cada entrevista. Así pasó en la que concedió hace dos semanas a el diario ‘El País’ y en la que contestaba: “Sí que es verdad que desde que llegué, lo que más se me ha preguntado ha sido que cómo llevo trabajar con tantos hombres, más que a qué me dedico o cuáles son mis funciones. Eso me hace pensar que no se vive con naturalidad que una mujer dirija a un equipo de hombres, en eso es en lo que hay que seguir trabajando. Esto es un trabajo como cualquier otro en el que puede haber más hombres que mujeres, pero hay una mujer al frente y punto”.

Los grandes acontecimientos deportivos sirven para destapar, dejar al descubierto, realidades que nos parecen ‘normales’ por habituales. En este Mundial el cambio está en apuntar con el dedo las actitudes machistas y denigrantes hacia las mujeres, ya sean periodistas o aficionadas. Ya no se pasan por alto, no resultan ‘graciosas’. Perdonen que no me levante a hacer la ola, que además me parece un invento hortera dicho sea de paso. O, mejor dicho, me da igual si me disculpan o no. Ya está bien. Ya basta. Ya hemos aguantado lo soportable y lo insoportable. Ya es hora de que cambien las mentalidades, los siglos de privilegios sólo por el hecho de ser hombres. Ya pueden acostumbrarse, porque no vamos a dar ni un paso atrás y no nos callamos. Porque estamos hartas. Hasta los mismísimos ovarios. Respeto, oigan. Ni más, ni menos.

1 Comentario

  1. Fantástico! Soy arquitecto técnico de obras lo que supone tener que aguantar condescendencia y estupideces machistas muy a menudo así que gracias por dar voz a muchas.

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