El VAR y un par de minutos de locura en el Irán-Portugal convirtieron a España en primera de grupo. Quien no haya visto los tres partidos de La Roja, quizás allá en Júpiter si no se televisan, podrá entender que ha hecho sus deberes. Sin embargo, los que sí hemos visto los tres episodios de esta tragicomedia tenemos derecho a sentir pánico en el cruce con Rusia. ¿Por qué? Sencillo: ni es esta la Selección que habíamos imaginado ni nuestro seleccionador de guardia demuestra reflejos esperanzadores.

Sigo sin creerme que esto es España, pero empiezo a girar hacia el lado oscuro. Marruecos nos sacó los colores y sólo una decisión ajustadísima del vídeo arbitraje concediendo un gol a Iago Aspas enmendó el castañazo. La Roja y Fernando Hierro se mueven en el alambre.

Hay fútbol, pero poco y previsible; hay voluntad, pero desperdiciada en acciones vacías; hay talento, pero insuficiente para imponer la prevista autoridad. Y es que no hay velocidad, no hay bandas, no hay seguridad en el triángulo sagrado Busquets-Piqué-Ramos, y sobre todo no somos un rodillo que descomponga el sistema defensivo rival. Tenemos una Selección tan dominadora como ramplona, tan aparente en la hierba como hueca en el concepto. Con un técnico en la banda atenazado por una responsabilidad sobrevenida, incapaz de hacer sustituciones que cambien el status quo del encuentro cuando el horizonte se ve negro. Aspas por Costa y Asensio por Thiago no es dar un vuelco brillante a un partido. ¡¡Hierro, atrévete a ser grande!!

Sí se atrevió el seleccionador a la fuerza, con 1-2, reuniendo a Aspas con Rodrigo en la recta final de la desesperación. Y afortunadamente salió bien de chiripa por el taconazo a la red del celtiña. Lo que bien acaba, bien está, dicen. Pero a esta España le falta mucha pimienta, más allá de la orfebrería de Isco, la genialidad de Iniesta o la buena voluntad del conjunto. En fútbol, o metes miedo o te lo meten. En un Mundial la especulación no tiene premio, sino más bien una sensación de impotencia que acerca muchísimo a la mediocridad. Y La Roja no es mediocre, más bien al contrario, pero no da con el tempo ni con el método para demostrar su condición de favorita al título. Hoy está lejos de hacernos creer en el milagro de ser campeones.

España necesita meterse en jarana ya mismo. Los jugadores y también el seleccionador, aún encorsetado por el susto y disgusto que le dio Lopetegui. La Roja necesita alegría, valentía y desparpajo para ir todos a una. Hierro debería reconsiderar sus alineaciones típico-tópicas para meter en el once a alguien capaz de pegar un buen susto a Rusia. Podría empezar por recurrir a un Aspas muy encendido frente a un Silva lejos de su magia. O por sopesar si el intocable Busquets atraviesa su mejor momento en aportación con balón o quizás habría que apostar por un dibujo diferente en la medular. Pequeños detalles que provocarían bulla y activarían a una España por la que nadie apostaría (hoy) a que pueda salir campeona del mundo.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here