Moacir Barbosa murió dos veces. Una el 9 de julio de 1950. La segunda vez, el 7 del mismo mes del año 2000. El primer sepelio tuvo lugar en un abarrotado Estadio de Maracaná, ante 200.000 espectadores. El segundo, en la intimidad del olvido, rodeado de pobreza. “No fue culpa mía, éramos once”, podía haber sido su epitafio, pero fue lo primero que balbuceó tras la derrota más dolorosa de su vida, también la más inesperada. Aquello le acompañaría el resto de sus días, hasta los últimos, los vividos en Praia Grande (Sao Paulo) donde huyó para no ser señalado. Con la soledad como único abrigo, el primer portero negro de la selección brasileña, fue enterrado ante 50 personas contando familiares, amigos, curiosos y trabajadores del camposanto. Entre ellos no había ningún futbolista. Si creen que exagero revisen la prensa brasileña del día siguiente: “La Segunda Muerte de Barbosa”, titularon.

Moacir Barbosa Nascimiento fue el portero de Brasil en el Maracanazo. Icono hasta entonces del Vasco de Gama y elegido mejor guardameta de ese Mundial. Su culpa fue no detener el disparo de Ghiggia que dinamitaba la fiesta. Un giro de guión para el que un país no estaba preparado. Tampoco Barbosa. “En Brasil, la pena mayor que establece la ley por asesinato es de treinta años de cárcel. Hace casi cincuenta años que yo pago por un crimen que no cometí y sigo encarcelado”, diría poco antes de morir el portero que nunca volvió a defender el arco brasileño. La mayor tragedia del fútbol (el 1-7 ante Alemania es un simulacro de incendio en comparación) se llevó por delante no solo a los integrantes de ese conjunto, también al uniforme: Adiós al blanco neutral, hola al verde amarela nacionalista.

El puesto más señalado de aquella pesadilla resultó la portería. Como si de un mal necesario se tratara, Brasil jugaba con portero más por obligación del reglamento que por devoción hacia el puesto. Nadie en las playas de Copacabana, de Bahía o de Pernambuco soñaba con ser guardameta. Desde Felix hasta Taffarel, pasando por Dida o Julio César, el uno de la canarinha nunca centraba los focos, nunca acaparaba portadas, mucho menos elogios. Pero algo cambió esta temporada, año de Mundial, año sagrado por tanto en el país del ordem e progresso. Dos brasileños comenzaban a acaparar focos y portadas, también elogios. En Roma y en Manchester miraban con orgullo a su portería. Bajo palos Allison Becker y Ederson Moraes, respectivamente. Ambos brasileños, ambos rivalizando por un puesto en la Pentacampeona del Mundo, ambos son dos de las sensaciones del fútbol europeo esta temporada.

Allison Ramses Becker no solo tiene nombre de faraón, también una planta de portero extraordinaria. Criado en la cantera del Internacional de Portoalegre, llegó hace dos veranos a Roma con 23 años y casado. Tras vivir a la sombra de Wojciech Szczesny en su primera temporada (jugó Europa League y Copa italiana), se ha hecho dueño de la portería romana este año. A base de paradas salvadoras, se ha mostrado ágil bajo palos, muy seguro en las salidas por alto y atento a los balones filtrados a la espalda de su defensa. Basta con revisar su recital en Champions ante el Atlético de Madrid en la primera fase o ante el Shakhtar en octavos de final, para entender que la Roma haya llegado tan lejos. En la Citta Eterna saben que junto a Dzeko ha sido el mejor de los giallorossi este año.

En Brasil nunca tuvieron dudas con él. Incluso cuando era suplente en Roma, Tite le dio la titularidad tras una irregular actuación en la Copa América Centenario. Camino de Rusia, Allison ha jugado 16 de los 18 partidos de clasificación, todos hasta que la canarinha sacó billete para el Mundial. El mítico Taffarel, preparador de porteros de la verdeamarela es su principal valedor, y con 25 años está ante su primer Mundial. En Rusia será el titular y el máximo torneo internacional puede terminar de catapultarle hacia retos mayores. En Roma lo miran con cierto recelo y el propio Monchi despeja los balones que le llegan en forma de preguntas: “Estamos muy contentos con él, esperamos que haga un buen Mundial, pero no tememos su marcha. Le esperamos en pretemporada”. Quizá la espera puede hacerse eterna en Roma. Allison es uno de los porteros que más gusta en la secretaría técnica del Real Madrid y las noticias sobre su posible fichaje se han sucedido a lo largo de toda la temporada. Nunca un portero brasileño defendió la casa blanca.

Tampoco había precedentes de guardametas brasileños en la ribera azul de Manchester. Allí llegó Ederson Moraes el pasado verano para acallar las dudas que existían en la portería Citizen. Petición expresa de Guardiola en su camino hasta la élite mundial encontró más curvas. Salió muy joven de Brasil. Con apenas 16 años probó suerte en Portugal, a los 18 defendía la portería del Ribeirao en la segunda portuguesa. Luego despuntaría en el Río Ave y el Benfica lo fichó en 2015. Desde entonces su progresión ha sido fulgurante. En el equipo lisboeta arrebató el puesto a su compatriota Julio César en un traspaso de poderes que era toda una declaración de intenciones. Ocurrió un mes de marzo de 2016 en un derbi frente al Sporting. Y no la abandonó hasta su marcha a Manchester, 15 meses después, previo pago de 40 millones de euros. “Es uno de los mejores porteros jóvenes de Europa y una gran adquisición para nosotros”, resumió entonces Beguiristain, secretario técnico citizen.

Con 24 años, Ederson llama la atención por su corpulencia y sus tatuajes. También por su juego de pies, característica imprescindible de los porteros modernos y tal vez lo único en lo que supera a su compatriota Allison. El guardameta citizen tiene un guante en su pierna izquierda, su desplazamiento en largo y su buena lectura del juego ha salvado de más de un apuro al City esta temporada, donde se ha mostrado como un portero exuberante en sus estiradas y muy rápido de reflejos, aunque eso no resultara suficiente frente a Mohamed Salah y su Liverpool en Champions. En general resulta menos sobrio que su homónimo de la Roma, le falta medir mejor los tiempos en las salidas, sobre todo al borde del área, y aunque ha debutado ya con la canarinha debe seguir curtiéndose a las órdenes de Pep.

Lo que parece claro es que el legado de Barbosa está asegurado con ellos. Brasil, de repente, mira hacia atrás con seguridad, se siente respaldado bajo palos. Dos figuras han emergido en su portería para evitar nuevas catástrofes, para que la pesadilla no se repita. La sobriedad de Allison y el descaro de Ederson pretenden borrar uno de los puntos negros de la historia del pentacampeón del Mundo. Allí donde más se ha cultivado el talento, donde más se ha apostado por la fantasía y el gol, hay dos tipos especializados en negarlo. Dos hombres que han echado el cerrojo al arco para la próxima década. Brasil ha necesitado dos porteros para acabar con una maldición que durante mucho tiempo fue condena.

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