Entiendo la pena, pero debería ser pasajera, tanto que al término del párrafo ya debería resultar casi inapreciable, lo escribiré largo. Nos empataron a falta de dos minutos y duele porque ya nos dábamos por ganadores y porque cuesta recoger el optimismo cuando lo habíamos desplegado como si tuviéramos invitados a cenar. La alternativa es dejar la mesa puesta. No estuvo mal, hagan memoria. Pudo ser mejor, naturalmente, pero tampoco anduvo lejos la desgracia (Quaresma interruptus), de manera que hay que hacer balance y entender que regalamos dos goles y que el tercero no fue culpa de nadie, tal vez de Hacienda.

Es cierto que uno se siente raro de vuelta a casa y vestido de rojo, pero somos un pueblo peculiar que se empacha fácilmente cuando cena felicidad. No es mala cosa que nos dure la rabia y el hambre para cuando, dentro de cinco días, nos enfrentamos al líder del grupo, Irán, cosas veredes. En este tiempo nos martirizaremos de manera muy saludable. Que si debimos rematar al herido, que si nos faltó colmillo, que si abusamos del toque. Todo puede ser cierto, aunque seguramente sea mentira. No hay reproches que hacerse, ninguno. Remontamos dos marcadores adversos en momentos delicados, inicio y final de la primera mitad. No solo nos repusimos, sino que alcanzamos un delicioso estado de superioridad. En esos minutos de triangulaciones eternas nos quitamos diez años de encima. Diría que fuimos guapos de nuevo o, según los casos, modernamente atractivos. Y además encajamos a Diego Costa, o se hizo encajar, o por fin le entendimos. Sinceras disculpas por dudar.

Pongamos el partido en perspectiva y escocerá menos. El primer disparo nos lo dimos nosotros al pie. Nacho hizo penalti a Cristiano, o tres cuarto de penalti, porque hubo contacto pero arrepentimiento inmediato, lástima que no haya sacerdotes en el VAR. Es posible que Nacho se haya encontrado en situaciones parecidas en cien entrenamientos y es fácil que en cada caso haya contenido sus impulsos, como buen muchacho que es. Esta vez no lo hizo.

Empezar cuesta arriba era un desafío considerable y saltamos el obstáculo. Eso sí, Portugal montó un par de contragolpes que nos dejaron al borde del ingreso hospitalario. Sobrevivimos. Gracias el esfuerzo de todos y a la incapacidad de Diego Costa para darse por vencido. El empate lo moldeó como quien talla el granito: primero agredió a Pepe y luego quebró varias veces a Fonte, al que sacudió como si buscara monedas en sus bolsillos; por fin, encontró el hueco. Imagino que comer lentejas con las manos provoca un placer similar.

Ronaldo igualó de nuevo favorecido por un error de los que no comete De Gea. El tiro era fuerte y raso, pero solo exigía unas manos firmes. Se le doblaron. Cualquiera tiene una noche diabólica. Así que no conviene hacer sangre. En la persecución de un demonio que nos motive, nuestro portero ya tiene una docena donde elegir.

A Diego Costa no le pareció bien. Volvió a empatar con una jugada ensayada, homenaje de los jugadores al extinto Lopetegui. Fue el jaque pastor del fútbol: pase al segundo palo para que un alto (Busquets) devuelva al centro. Igual que empujó el balón, Costa habría empujado un tráiler.

Tres minutos después, Nacho se redimió de su penalti innecesario con uno de esos goles que sueñan los niños en pijama. Fue entonces cuando nos dimos el paseo por el paraíso y olimos todas las flores. Fue una hermosura de pases y sutilezas mientras Cristiano echaba espuma por la boca. Hasta que Piqué cometió una falta en la frontal y nos faltó tiempo para rezar el rosario, aunque lo empezamos. En contra de lo que suele, Ronaldo la pegó con el interior y la colocó donde solo cabe aplaudir.

No pasa nada, de verdad. Se nos puso cara de derrota, pero es posible que hayamos ganado. Después de tantas emociones ya no hay quien se acuerde de lo que pasó hace un par de días. Nadie mira hacia atrás. Hierro es nuestro seleccionador y Diego Costa nuestro delantero. Tengo la reconfortante sensación de que estamos unidos otra vez. 

2 Comentarios

  1. Grande, Juanma.

    Dio gusto verlos triangular a partir de que nos pusiéramos por encima en el marcador. Quizás faltó ahí algo de bravura y templanza para continuar con el recital y, por qué no, haberlo rematado con el 4º. Creo que atisbé ciertas dudas, como quien se empalaga o le viene de sopetón la primavera, el recuerdo de que fuimos campeones del mundo y de Europa jugando a eso mismo.

    Buena pinta, muy buena, para cómo se ha dado nuestro comienzo en el Mundial de Rusia.

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