Un penalti, un regalo y una falta innecesaria, así no se ganan partidos en un Mundial. España se inmoló por dos veces, después de ser héroe. Portugal no hizo absolutamente nada excepcional, como estaba previsto, más allá de defender con un riguroso orden táctico. Todo lo demás se lo regaló La Roja: desde el penalti no penalti de Nacho, al error de De Gea, y la falta innecesaria de Piqué a Cristiano a poco del final para desembocar en el empate. Distracciones fatales, errores salpicados quizás como producto de una semana cargada de tensión, todo un cúmulo de anomalías que pueden repetirse nunca más. Hierro tiene un trabajo por delante en algo que fue especialista como jugador: exigir máxima concentración.

Más allá de buenas rachas de posesión de balón, España estuvo blandurria ante Portugal. El escaso cuajo del debut tiene perdón, pero no volverá a disfrutar de más bula papal en cuanto se plante delante otro rival con cascabeles. Costa y Nacho disimularon con sus goles las inseguridades que fueron muy evidentes sobre todo en la primera media hora, cuando las contras de los lusos nos pusieron los pelos de punta. Después amainó el susto porque La Roja supo tocar, manejar, gustarse y llegar a posesiones de casi 70%. Pero… detrás de esa natural capacidad que nos distingue, se dejó entrever excesiva inseguridad defensiva, poca intensidad mental y atrevámonos a poner en debate algunos cambios de Hierro, aunque por aquí no sea elegante hurgar en la llaga.

Sabíamos y hemos cotejado que lo que funciona en la Selección, más o menos sigue carburando bien. España es previsible en lo bueno. Sin embargo, las sorpresas ante Portugal fueron amargas en la línea de área y portería, costando serios disgustos en los que encontró su noche de gloria Cristiano Ronaldo. Anunciábamos en la víspera que en la confianza estaba el peligro y así fue. El once de Fernando Santos no apabulló, tampoco peleó por el balón ni presionó antes de verse con 2-3 en el marcador. Todo parecía resuelto para La Roja después de una remontada vibrante, con baile de balón y triangulaciones de ovación a falta de quince minutos para la ducha.

Pero Cristiano estaba allí esperando en el último suspiro la ingenua falta de Piqué para poner el balón en el mejor sitio donde entrar a matar con un lanzamiento de falta épico. Fue un duro castigo que obliga a la Selección a escribir cien veces en la pizarra: “No regalaremos ocasiones de gol al enemigo”.

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