Cuando vivía en Buenos Aires tenía la sensación de que los argentinos eran una raza superior. No por su talento, ni por su inteligencia, ni siquiera por su humor o por su labia. Tampoco por su romanticismo, mucho menos por una pasión que a mi me daba calambre. Pero no he visto país que consiga solo con coraje todo lo que al resto del mundo le cuesta una enorme dosis de talento y trabajo. Es imposible echarles en cara que se queden en el intento. Aunque Mascherano no sangrase, han muerto en la orilla. 

Con lo que no contaba Argentina era con que Francia tiene a un prodigio entre sus filas. Un asesino silencioso con el que el mismísimo John Ford habría contado para representar en sus películas al pistolero más rápido del Oeste. Mbappé tiene cara de jugador de la NBA, podría haber sido elegido junto a Doncic en el ultimo draft y la albiceleste podría haber respirado un poco más tranquila. Pero el bueno de Kylian decidió darle golpes al balón con los pies, las manos se las reserva para coger impulso y echar a volar. No recordaba una zancada semejante desde que Ronaldo Nazario abrió las aguas jugando para el Barcelona. En el Madrid ya lo disfrutamos con más cintura y menos velocidad, pero nunca dejó de ser un espectáculo.

Durante el himno tuve la sensación de que Messi volvería de su retiro espiritual, que apelaría al sentimentalismo. ¡Estaba sonriendo! Pero quizá Leo profese una religión que no le permite tener los pies en el suelo cuando la ocasión requiere dar el do de pecho. O eso, o juega al despiste hasta con sus gestos. Francia despertó a Argentina a base de tortazos en la cara. Messi desapareció del escenario del crimen mientras pudo. Imagínense la escena, un tipo con traje delante de la Torre Eiffel levanta en vilo a un gaucho agarrándole de la pechera. Tortazo va, tortazo viene. Ya estoy registrando los derechos para la novela. Hubo un tiempo donde en Francia fueron dueños de las artes. Ahora mismo, contamos con ellos para volver a ser dueños del mundo.

La película argentina se resumía en un solo acto. Marcaba Di María un gol para la esperanza y Mascherano veía una amarilla que le impedía jugar el siguiente partido. El minuto de oro argentino. No hubo tiempo para otro milagro, básicamente, porque Marcos Rojo no estaba en el campo, Nigeria no estaba enfrente y Dios no tuvo ningún protagonismo. Lo tuvo Mbappé. La organización decidió ignorar a Maradona y todos respiramos más tranquilos.

A mí me enseñaron de pequeña que todo me iría mejor en la vida si la afrontaba con una sonrisa. Messi me ha hecho dudar de esa filosofía. No habrá paz para Argentina, al menos, hasta que pasen cuatro años y sanen las heridas.

1 Comentario

  1. […] El jugador del FC Barcelona ha sido capaz de romper cualquier registro goleador, ya sea con la selección o con su club, y no podía ser de otra manera con su combinado nacional. Con 65 goles es el máximo goleador de la historia de Argentina. Una cifra que, de seguro, va a seguir aumentando ya que el jugador de Rosario sigue en activo a sus 31 años, liderando año tras año a su selección en cualquier competición que dispute. El capitán de la albiceleste es además considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, quizás, con la espina clavada de no haber conseguido ningún título importante defendiendo el escudo de su país. […]

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