Hay distintas formas de ir a la deriva, una de ellas es el naufragio, pero también se puede considerar una filosofía de vida. Es una forma de existir, nómada y, por lo tanto, inestable, como las hojas que en otoño se mueven por el suelo arrastradas por el viento. Te puede traer momentos de felicidad plena, pero también corres el riesgo de poner tu vida en peligro. Esos barcos están capitaneados por aquellas personas que se mueven empujadas por la brisa marina, de la misma forma que lo hacen los veleros de los que son dueños. Así es cómo se toman su existencia los protagonistas de esta película, que solo necesitaban una ráfaga de aire para prosperar en su destino, pero que se toparon con un huracán (Raymond) que no entraba en sus planes.


Dirección: Baltasar Kormákur.

Reparto: Shailene Woodley, Sam Claflin, Jeffrey Thomas, Elizabeth Hawthorne, Grace Palmer, Tami Ashcraft, Siale Tunoka, Zac Beresford, Luna Campbell.

País: Estados Unidos.

Duración: 96 minutos.


A la deriva está basada en una historia real. Tami y su novio Richard se hicieron a la mar con una embarcación curiosamente llamada Hazaña, de unos conocidos, con la tarea de trasladarla al puerto de California, pero en su camino se vieron sorprendidos por una tormenta que jamás imaginaron. Richard sale herido de esa tempestad y Tami intenta sobrevivir, en un acto de heroísmo, con el velero roto y sin apenas agua y comida.

Las imágenes de ese desierto en medio del océano, a cargo de Robert Richardson, recuerdan a las de Pi en la película de Ang Lee, aunque sin llegar a ser tan fascinantes, pero, eso sí, aparentan ser mucho más realistas. Baltasar Kormákur interrumpe continuamente esta travesía infernal con flashbacks que cuentan, rozando la cursilería, la chispa de un amor juvenil entre Shailene Woodley (“valiente como un tío”) y Sam Claflin (“sensible como una tía”). Pero los momentos de supervivencia, de miedo y dudas, comandados por Woodley, cegada por las alucinaciones, son los más interesantes y no por ello dejan de tener un trasfondo romántico. Quizá ocurra porque Kormákur es un director acostumbrado más a la acción que a cualquier otro género (Everest, 2 Guns, Contraband, Inhale o Verdades ocultas).

En A la deriva, no todo es lo que parece. También habla de cómo afrontar los recuerdos y nos dice que, simplemente, hay algunos a los que no nos podemos enfrentar. Pero es a lo que estamos predestinados. Es irremediable, y no por eso vamos a dejar de navegar.

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