Está feo culpar a los suplentes, en cierto sentido es como ensañarse con los más débiles. No son ellos los responsables del mal campeonato del Real Madrid, ni de la irregularidad crónica. Las estrellas presumen de no leer las críticas, pero estoy convencido de que los suplentes las leen y las mastican, en busca, seguramente, de alguien que entienda su situación, la falta de confianza y la ausencia de ritmo competitivo.

La crítica, sin embargo, es una parte más del entrenamiento. Tan importante como jugar al fútbol es procesar los comentarios negativos y convertirlos en motivación o en rabia, incluso en odio. Hay futbolistas que rinden mejor si tienen algo de lo que vengarse y, en este sentido, los periodistas son una fuente inagotable de vendettas y la última inspiración de muchos goles.

La selección italiana institucionalizó el silenzio stampa en el Mundial 82 a partir de un enfrentamiento entre los jugadores y la prensa; cuando la relación se recondujo y algunos propusieron la reconciliación, una mayoría se negó a levantar al veto. Habían entendido que se juega mejor en guerra.

De manera que no escatimaré en las críticas, con la secreta esperanza de que agiten a los interesados y algún día me devuelvan las flechas una por una. Si empiezo por Theo es porque la decepción es recurrente. Duele más su inconformismo que la inadaptación y su impavidez que su falta de profundidad. Los veinte años no son excusa. La edad puede justificar los nervios y la imprecisión, pero no el desinterés.

El problema de Vallejo es justo el contrario y, por tanto, invita a ser más indulgente. Se le desboca el corazón. Juega con un exceso de presión y con una sobredosis de entusiasmo. El efecto es que genera una inquietud que es muy poco recomendable, especialmente para un central. Vallejo falló en los dos primeros goles del Sevilla; primero por saltar poco y luego por correr demasiado lejos. Por no medir y por no medirse.

El problema de Ceballos es que no se siente comprendido, ni se ve inferior, ni atendido como merece. Hay jugadores que no admiten los papeles secundarios y de ahí nacen sus arrebatos y sus apagones. Echa de menos el Betis y en el Pizjuán la nostalgia se le puso violenta.

Tampoco perdamos de vista lo que había en juego. Para el Madrid, nada. Y para el Sevilla, mucho. El equipo jugaba arengado por Caparrós, que es otra forma de estar en guerra. Esa diferencia de actitud, en conjunción con los errores impropios, marcó el devenir del partido. Ben Yedder también tuvo voz y voto.

Hay un mundo paralelo en el que el Real Madrid gana en Sevilla, elijan el marcador que prefieran, y los dos partidos que restan, distribuyan los goles a voluntad. Los que ahora exigen responsabilidades, siempre con Zidane en el punto de mira, estarían felices con semejante inutilidad. Sin embargo, acabar bien la Liga no ayudará a ganar la Copa de Europa. El fútbol funciona al revés, deberíamos saberlo. Llegar a la final azotado por las críticas es más conveniente que plantarse en Kiev como favorito sin pesadillas. Las dudas alimentan y la guerra afina la puntería. Pregunten a los italianos del 82.

1 Comentario

  1. Veo un problema, y es que habrá que rehacer la plantilla partiendo del mismo lugar que la temporada pasada: Theo no convence, Achraf está un poco verde, Ceballos se irá al Betis, Mayoral no dio la talla y Llorente no encontró minutos. Así que habrá que encontrar recambios a los pretendidos recambios de este año. Quizás el único que aguante, como cuarto central, sea Vallejo.

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