Sanyo y Maxi son la alternativa. La pareja número dos ha presentado su candidatura real al número uno del World Padel Tour a final de año al imponerse en la final del Zaragoza Open a Paquito Navarro y Juan Martín Díaz por 6-4, 6-7 y 6-3 en una ardua batalla entre las parejas dos y tres del ranking.

Porque cuando no están Fernando Belasteguín y Pablo Lima, sempiternos números uno del ranking, solo ellos presentan candidatura real al número uno. Son muchos los que disfrutan la ausencia, aprovechan la coyuntura para avanzar hasta las rondas finales, pero solo ellos dan el paso adelante definitivo. Quizá Paquito y Juan Martín o Ale Galán y Matías Díaz puedan hacerlo, pero se antoja pronto.

Y es que ante la ausencia de la dupla número uno por lesión en el codo de Belasteguín, el tercer torneo del año se presentó diferente al resto. Convulso. Con mayores expectativas para los aspirantes y un halo de oportunidad de oro, cada ronda se convirtió en una especie de ocasión perdida para las parejas que sueñan con alcanzar la gloria al menos una vez en el año.

Y cedieron muchos, sí, pero no lo hicieron Paquito Navarro y Juan Martín Díaz. Ni los ya mencionados Sanyo y Maxi. Las parejas tres y dos, respectivamente. Suya fue la gloria alcanzando la final del domingo tras sufrir, caminar por el alambre y remontar en diferentes fases del torneo.

Una final tan esperada como indescifrable que hizo acto de presencia en el Pabellón Príncipe Felipe como era de esperar, con alternativas. Dos formas de entender el pádel tan equidistantes como semejantes que, contrapuestas sobre el azul tapete de la pista central, solo podían desencadenar en un partido para el disfrute de los allí presentes.

Presentarían Sanyo y Maxi sus galones de favoritos desde el primer compás pues su caminar como pareja les hace estar más hechos. Más cuajados. Se conocen, se entienden y se gustan, y eso se nota en la pista. Da la sensación de que aquello que no lograron años atrás como dupla pudieran lograrlo en esta versión 2.0.

Fue tan seguro su juego como lo permitieron Paquito y Juan Martín. Y eso no se sabe si es mucho o demasiado poco. La dupla más admirada del Circuito planteó, una vez más, un partido de ida y vuelta, convulso y de momentos que les volvió a hace caminar por un alambre en el que parecen sentirse tan cómodos como descontentos. Dulce dualidad la de los genios que se unen sin preguntarse el porqué cuando está en juego algo más que un mero trofeo.

Y con todo ello, con todo lo que eran capaces de regalarnos los cuatro, los más generosos fueron Sanyo y Maxi. O los más avaros, visto el resultado. Se impusieron en la primera manga con la rotundidad del que sabe definir en el cómo y el cuándo sin importar el camino recorrido. El 6-4 del marcador lo dijo todo.

Con el primer set en la mochila, todavía quedaría lo más difícil por delante para la pareja número dos. Si Navarro y Díaz son temibles ante cualquier circunstancia, sin nada que perder simplemente son terroríficos. Apretaron el partido, lo volvieron aún más loco y sacaron de su zona de confort a Sanyo y Maxi. Es admirable lo que consigue Juan Martín sobre una pista un año después de su cuasi retirada. Es de ensalzar la capacidad de reinvención de un Paquito que, sin estar en el papel protagonista, sabe llevar el peso del partido.

Y por ello su intento fue tan certero como real. Creían tanto que sus esfuerzos acabarían convirtiéndose en un hecho. Derrocharon esfuerzo, actitud y aptitud, y aunque quizá no era el día ni el lugar para alcanzar la gloria, sellaron la segunda manga a su favor en un titánico tie-break por 6-7.

Pero delante estaban los chicos de San Luis. Los mismos que saben lo que está en juego este año. La mejor versión posible de Sanyo y Maxi. Aquellos que, ya en la primera parada del año, se proclamaron campeones en Barcelona. Los mismos dos que repiten título ahora en Zaragoza y que tienen claras sus metas a corto y medio plazo. No lo dirán, no querrán confesar cuál es el leitmotiv de la temporada, pero seguro que por su cabeza ya rondan cotas mayores. Ellos son la alternativa al número uno y así lo han demostrado.

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