Si la Ciencia ha demostrado ya por activa y por pasiva que los ‘medicamentos’ homeopáticos son sencillamente productos hiperdiluidos que basan su eficacia en su efecto placebo y que no existen tests fiables que avalen su eficacia terapéutica, podríamos afirmar que esta película es al cine los que la homeopatía es a la medicina


Dirección: Lorraine Lévy.
Reparto: Omar Sy, Ana Girardot, Alex Lutz, Hélène Vincent, Pascal Elbé, Audrey Dana, Chantal Lauby.
País: Francia.
Duración: 113 min.


Por supuesto, habrá a personas a las que les parezca que funciona, como con las terapias homeopáticas, pero la última adaptación de la novela Dr. Knock o el triunfo de la medicina de Jules Romains, escrita en 1922, es puro fuego de artificio, una comedia inofensiva para hipocondríacos que ni siquiera conserva un mínimo de la capacidad de denuncia de la obra original ni los rasgos despiadados del personaje del Dr. Knock.

El peso de esta película corre en exclusiva a cargo de su protagonista, un siempre sonriente Omar Sy (Mañana empieza todo, 2016; Intocable, 2011) en el papel de un farsante caradura que se enriquece gracias a la hipocondría que siembra entre los habitantes de un pueblo francés durante los años 50 del siglo pasado. Los personajes que rodean al embaucador doctor son dibujados con trazo grueso y sin gracia: una viuda rica y religiosa, una farmacéutica salidorra, un cartero bolinga, el simplón personaje que pretende desenmascarar al galeno timador… Todo contado con un tono de comedia tontorrón y desprovisto de gracia.

En este ambiente, el doctor interpretado por un Omar Sy supuestamente dotado de encanto y cuya filosofía se basa en esta frase: “La gente sana son enfermos que lo ignoran, pretende hacerse rico a costa del desconocimiento de sus pacientes buscando una enfermedad, bien sea real, bien imaginaria, en cada habitante del pueblo para luego desplumarles con sus carísimos tratamientos, aunque en su maquiavélico plan se cruza una joven que le hará dudar de sus poco éticos métodos. Un material que daría para una comedia mucho más ácida, incisiva y con capacidad de denuncia del gremio médico, pero que se queda en una boba comedieta que se puede consumir sin prescripción médica, pero con el poder curativo de una bolsa de chuches.


CERVEZA RECOMENDADA


AYINGER CELEBRATOR. Alcohol: 6,7 %. Amargor: 24 IBU.

Ayinger

Las cervezas Doppelbock, estilo al que pertenece esta Celebrator de la histórica cervecera bávara Ayinger fundada en 1878, tienen su origen en los monasterios alemanes del siglo XIV, cuando en tiempo de Cuaresma los monjes realizaban ayuno y se alimentaban exclusivamente de estas densas, energéticas y nutritivas cervezas, que tenían auténticas propiedades reparadoras. De hecho, eran consideradas por los monjes como “pan líquido”. Su nombre  proviene de la ciudad de donde es originario este tipo de cervezas, Einbeck, que evolucionó con el tiempo hasta el término actual Bock, que en alemán quiere decir carnero, por lo que generalmente en las chapas y etiquetas de estas cervezas viene representado este animal.

De un imponente color marrón oscuro con tonos rojizos y espesa espuma, esta potente cerveza es de una textura aterciopelada y unos sabores predominantemente acaramelados y ligeramente ahumados, provenientes de sus maltas tostadas. Los sutiles aromas que desprende son los propios de los lúpulos alemanes nobles Hallertau y Spalt. Pero lo mejor de esta birraza es su sabor a café, con notas de pan recién horneado, frutos secos y un toque ahumado que finaliza con un amargor suave. Una cerveza que no tiene nada de placebo, sino mucho de la historia, la pureza y la verdad de las mejores birras alemanas.

 

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