Campeón en Roma, el nombre de Chris Froome ya figura entre las leyendas del ciclismo mundial. Su victoria en el Giro, siendo esta la tercera grande consecutiva en años alternos, lo aúpa a un pedestal en el que están tan solo Eddy Merckx y Bernard Hinault. Además de eso, se convierte en el séptimo corredor que logra ganar, al menos una vez, Giro, Tour y Vuelta. Cifras y números que hacen de Froome uno de los más grandes de la historia. Sin embargo, sobre su cabeza planea la sombra del dopaje. Se trata de un campeón a la espera.

Su positivo por salbutamol en la Vuelta de 2017 está pendiente de resolución y nadie sabe a ciencia cierta lo que puede acabar ocurriendo. Si su figura llegó en entredicho a la salida de la Corsa Rosa, con Dumoulin echando leña al fuego en aquella previa en la que dijo que “si él fuera Froome no correría”. Las dudas han ido aumentando con el devenir de la carrera. Al tiempo que muchos de los favoritos desfallecían, el británico emergió de la nada en dos de las etapas claves, en el Monte Zoncolan y, especialmente, en Bardonecchia, el día de su temible ataque en Finestre.

Tras hacerse una contrarreloj de 80 kilómetros en solitario sin ceder un solo segundo ante los perseguidores y mostrar más fortaleza que nadie el día después, los rumores han ido a más. Y, a pesar de que Froome está “con la conciencia tranquila y sin nada que temer”, lo cierto es que será la UCI la que determine su futuro reciente y su imagen como deportista.

Seguro que no están siendo meses fáciles para él, algo a lo que no está ayudando la ralentización del proceso. A un deporte tan devastado como el ciclismo por el dopaje, todo esto no le hace ningún bien, sino todo lo contrario.

Por lo que respecta al Giro, la organización de la carrera italiana tiene claro que este resultado “no será eliminado”, al contrario de lo que sucedió con Alberto Contador en un caso muy similar. El de Pinto disputó la carrera transalpina pendiente de la resolución de su caso por dopaje en el Tour de 2010. Ganó la prueba y poco después se le desposeyó del título, algo que la carrera italiana no pretende que se repita. “No es coherente”, explicó antes de que arrancara la prueba su director Mauro Vegni.

Ante esta situación, mientras Froome saborea el éxito de la gloria lograda, irá preparando el Tour de Francia sin saber a ciencia qué va a pasar. En una situación similar se encuentra la Grande Boucle, que también desea e incluso necesita que se resuelva la situación cuanto antes para evitar un desastre mayúsculo, que sería terrible para las tres partes implicadas, el corredor, la prueba y el ciclismo en general.

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