Hubo un tiempo en que los partidos de tenis tenían un cierto aire más barriobajero que los elegantes duelos de florete entre el modelo de nobleza Rafa Nadal y el dechado de caballerosidad Roger Federer, pareja que va a marcar una época de rivalidad en la pista, pero cuya edulcorada relación no daría más que para una amable peli de Disney.


Dirección: Janus Metz Pedersen.
Reparto: Sverrir Gudnason, Shia LaBeouf, Stellan Skarsgard, Tuva Novotny, Marcus Mossberg, Leo Borg, Robert Emms, Ian Blackman, James Sobol Kelly.
País: Suecia.
Duración: 103 min.


Seis meses después de que Emma Stone y Steve Carell recreasen para el cine el histórico partido de tenis entre la campeona Billie Jean King y el payasete machista Bobby Riggs en la cinta La batalla de los sexos, el director danés Janus Metz Pedersen se ha propuesto hacernos viajar a la gran final del Torneo de Wimbledon de 1980, que enfrentó al entonces ganador de cuatro títulos, el sueco Björn Borg, con el aspirante al trono, el norteamericano John McEnroe. Un encuentro marcado, además de por esas inolvidables cintas para el pelo, por ser un enfrentamiento entre dos jugadores de estilos opuestos y de personalidades antagónicas que llevó a que todos los aficionados se viesen obligados a decantarse por uno u otro: era incompatible ser de Borg y al mismo tiempo ser de McEnroe.

Al sueco Björn Borg (interpretado por su compatriota Sverrir Gudnason), que provenía de una familia de clase media, le moldeó desde bien niño su entrenador (en la peli, un gran Stellan Skarsgard) como un jugador frío, calculador y metódico caracterizado por ocultar completamente sus emociones sobre la pista llevándole a ser apodado Iceborg por su carácter gélido. El norteamericano John McEnroe, en cambio, provenía de una familia de pasta y se comportaba en la pista tempestuosamente, era impulsivo, agresivo en su juego en la red y faltón en sus protestas contra árbitros y público, que en muchas ocasiones le acababa abucheando por sus continuas quejas y ataques de rabia en los que rompía raquetas con la misma furia que Pete Townshend destrozaba guitarras sobre un escenario. Dos hombres antagonistas que encarnaban al héroe y al villano, al fin y al cabo, los ingredientes ideales para elaborar un buen guion cinematográfico.

En Borg McEnroe: La Película, el director plantea este combate con una compleja estructura de sendos biopics en paralelo trufados de flashbacks de las infancias de los respectivos tenistas para desembocar en una media hora final donde sobre la pista se produce ese histórico choque de trenes tenístico que fue una de las mejores finales de un Grand Slam. Así, el duelo deportivo final, que interesará más a los espectadores aficionados al tenis, está muy conseguido en su planificación y la técnica de rodaje que consigue meternos en la pista, pero puede resultar un poco alargado para los espectadores más interesados en profundizar en las complejas personalidades de los personajes.

Es ese duelo, el de un gélido Sverrir Gudnasson como Borg y el de un iracundo Shia LaBeouf como McEnroe, lo mejor de esta película. Asistimos así, a escenas donde mientras que Borg preparaba sus partidos de forma maniática utilizando la misma ropa o bajando la temperatura de su habitación del hotel para controlar sus pulsaciones, McEnroe se relajaba escuchando rock o saliendo de bares con sus colegas. Eso sí, hay que decir que pese a que la final se la llevó el tenista sueco, el revés a dos manos de Borg-Gudnasson a nivel interpretativo no puede con la zurda de Shia LaBeouf, que parece poseído por el alma macarra de McEnroe, tenista que acabaría años después empuñando con bastante soltura una guitarra Gibson Les Paul para zurdos e interpretando temas de Nirvana, algo más acorde con su carácter. En fin, una gran cinta de tenis que interesará también a los que no sepan ni cómo se coge una raqueta.


CERVEZA RECOMENDADA


BOMBARDIER GLORIOUS ENGLISH Alcohol: 4,7 %. Amargor: 35 IBU.
Algo tan profundamente inglés como el torneo de Wimbledon merece ser maridado con una cerveza tan tradicional como esta Bombardier Glorious English, una birra que se enmarca canónicamente en el estilo ESB (Extra Special Bitter) y que lleva elaborando la cervecera Charles Wells desde hace más de un siglo. Una de esas cervezas que, pese a su imponente aspecto, tiene una graduación y un equilibrio tan controlados que permite que caiga una pinta tras otra sin apenas notarlo.

En esta cerveza, donde destacan las notas maltosas sobre el final amargo y seco más propio de su estilo, lo primero que llama la atención es su elegante color marrón caoba de gran transparencia que se corona con una persistente espuma color marfil. En la nariz encontramos caramelo, frutos secos y aromas a repostería, con notas herbales de los lúpulos británicos. Es al beberla donde se aprecia la suavidad de sus maltas equilibradas con un ligero amargor. Una birra para bebedores de fondo que esperan que los acompañe durante un largo partido de tenis.

 

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