La final de la Champions el 26 del próximo mes de mayo marcará oficialmente el final de la temporada.Y después, en el mes de junio, será la hora de un apasionante Mundial en Rusia. Es hora de hacer balance. Títulos conseguidos, ascensos, descensos, ilusiones por lo conseguido y decepciones por no poder cumplir el objetivo que al principio nos habíamos propuesto. Entrenadores cesados, jugadores ilustres que abandonan nuestra Liga, récords de goles, el trofeo Zamora al mejor portero, árbitros en entredicho, la eterna puja de quien es el mejor jugador… ¿Messi? ¿tal vez Cristiano?

Todos estos datos que cada año nos bombardean a través de los medios de comunicación tienen algo en común: son “impredecibles”. No se pueden adivinar ni se pueden prever. Estaría bueno que no fuera así. Sería el camino más corto y más sencillo para enriquecerse a través de las apuestas. Por cierto, tan de moda últimamente.

Sin embargo algo tan consustancial como las lesiones que se producen en partidos y entrenamientos y son la “esencia” del propio fútbol parece que se escapan a la denominación de “imprevisible”. Es decir que la rotura fibrilar del bíceps femoral (el músculo de la velocidad) perteneciente a la musculatura flexora del muslo, o cuando se rompe el ligamento cruzado anterior de una rodilla, o la fractura del quinto metatarsiano de un pie, por citar las lesiones más “complicadas” (por el riesgo de recaída) ¿se pueden prever? ¿Podemos adivinar cuando se “romperá” un jugador?

¡¡Fantástico!! Lo que se van ahorrar los clubes. Ya no se necesitarán médicos para diagnosticar, ni físios para tratar al jugador, ni por supuesto preparadores físicos para optimizar la puesta a punto del jugador para volver a jugar. Todos estos ‘iluminados’ que a través de publicaciones,de congresos, incluso en los medios de comunicación, defienden estos planteamientos están muy “equivocados”: No EXISTE la PREVENCIÓN de lesiones.

Todos los profesionales que trabajan cerca del jugador intentan “alargar” el momento de la aparición de la lesión lo más tarde posible. Pero incluso utilizando los sistemas de entrenamiento más avanzados, y la metodología más “vanguardista”, la lesión irremediablemente aparecerá. Mas tarde o más temprano, pero aparecerá.

Si para cualquier persona el mero hecho de permanecer de pie en ‘bipedestación’ le supone una tensión en su columna vertebral, imaginemos la rodilla de cualquier futbolista sometida a las exigencias propias del juego, para una articulación que solo está diseñada para caminar. O pensemos en ese corazón sometido a frecuencias por encima de 173 pulsaciones por minuto de media en un partido que reduce el oxígeno necesario para repetir los cerca de 200 esfuerzos explosivos de 0 a 4 segundos que ponen la musculatura en situación límite. Cuidado con los mensajes que se mandan sin apoyo científico. Esto es deporte de “alto rendimiento”, no es deporte Salud. Amén.

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