Rafa Nadal sufrió más de lo previsto antes del partido y mucho más de lo que hubiera podido imaginar después de cerrar el primer set en 31 minutos con un inapelable 6-0. Klizan (140) hizo honor a su fama de tenista ciclotímico y despertó en la segunda para poner en verdaderos aprietos a Nadal, que salvó tres bolas de set para adjudicarse finalmente el triunfo por 7-5.

El meollo del partido se concentró en el décimo juego del segundo set. Con 5-4 para Klizan y el servicio en su poder, el eslovaco tenía contra las cuerdas a Nadal, que se veía desbordado por los brutales raquetazos de su rival desde el fondo de la pista. De vez en cuando, Klizko recuerda que es un gran tenista, la mejor irrupción en el circuito en 2012, según votación de sus compañeros. En el Godó lo han comprobado Djokovic y Feliciano López.

Con todo a favor para empatar el partido, el zurdo de Bratislava empezó a dudar. De inicio falló dos golpes ganadores (0-30) y se recuperó luego para disponer de su primera bola de set. Como tantas veces, le pudo la impaciencia. No es un jugador que se ande con sutilezas en los momentos delicados. Su primera tentación siempre es reventar la bola. Así falló tres pelotas de set que hubieran colocado el partido en una dimensión diferente. Rafa celebró el juego con más entusiasmo que algunos partidos.

Con esta victoria, Nadal prolonga su racha de sets ganados de forma consecutiva en tierra batida, ya son 42, algo nunca visto. El mallorquín se enfrentará ahora en semifinales al belga David Goffin, que venció a Roberto Bautista por 6-7 (3), 6-2 y 6-2.

Por el otro lado del cuadro, la sorpresa la protagonizó el griego Stefanos Tsitsipas, de 19 años y 63º del ranking mundial. El chico se impuso al austriaco Dominic Thiem (7) por 6-3 y 6-2 en 80 minutos y se medirá en semis a Pablo Carreño (11), que dio cuenta del búlgaro Grigor Dimitrov (5), por 6-3 y 7-6 (4). Carreño mejora, aunque sea levemente, su balance contra jugadores del top ten (3-22).

Tsistsipas, que comenzó el año en el puesto 91, se convirtió el pasado octubre en el primer griego que se clasifica entre los cien primeros del mundo y el primero que jugaba una semifinal (Amberes) desde que hace 44 años lo hizo Kalogeropoulos (Des Moines). Entrenado por Patrick Mouratoglou y por su padre, Apostolos Tsitsipas, Stefanos perdió el miedo al tenis cuando fue salvado de morir ahogado por su padre; entonces comprendió que hay cosas más importantes por las que temblar. Su madre es Julia Salnikova, que fue tenista en la Unión Soviética y participó en la Copa Federación.

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