El partido no tenía nada y lo tenía todo, a Leo Messi. Suficiente argumento para acercarse a ver un partido del Barcelona y, en ocasiones, única razón por la que el Barça gana algunos encuentros. El choque contra el Leganés estaba pesado, espeso y comenzaba a ser difícil de ver sin distraerse con cualquier otra cosa que pasara lejos del balón. Hasta que surgió él y todo cobró sentido para el Barcelona, las piezas encajaron y el Leganés vio que su partido se había puesto casi imposible a la media hora. Así lo decidió Messi, que con su hat-trick permitió a su equipo igualar la racha histórica de la Real Sociedad en Liga de 38 encuentros sin perder.

Primero convirtió una falta lanzada con maestría desde el borde del área. Luego atravesó el centro de la defensa del Leganés para superar a Cuéllar y firmar el segundo tanto. Con esas dos acciones aisladas pensó el Barcelona que ya era suficiente esfuerzo y el choque no merecería mucha más dedicación. Equivocación.

Después de las apariciones de Messi el encuentro volvió a ser algo insustancial. Un equipo, el Barça, miraba el reloj para ver si llegaba rápido a los 90 minutos, y otro, el Leganés, ante tal desidia del rival no tuvo más remedio que aceptar la invitación e irse a buscar el gol. Y lo acabó encontrando en un tiro afortunado de El Zhar, que salió rebotado de Sergi Roberto para alejarse de las manos de Ter Stegen.

El gol volvió a espabilar al Barcelona, que recurrió a Jordi Alba y a Iniesta para intentar controlar un partido que se le estaba enredando más de lo previsto. Pero la solución ya estaba en el campo. Cerca del cierre volvió a aparecer Messi para firmar su hat-trick, despejar cualquier duda y terminar de liquidar al Leganés.

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