Si valorásemos a esta versión de Tiger con justicia, tendríamos la certeza de que no es necesario verle ganar para saber que ha vuelto a competir, que su esbelta e inigualable figura ha regresado de ultratumba para regalarnos unos días, meses, años más. Quién sabe cuánto durará este nuevo retorno. La realidad es que Woods es un fenómeno de otra era, de ciencia ficción o de mitología, según lo que le guste a cada uno.

En 2018 ha jugado seis torneos; sus resultados acumulados son infinitamente mejores que todos los registros cosechados en su infinita colección de regresos. La ambición por volver a jugar se ha unido al hambre del resto del mundo por volverle a ver ganar. Es por ello que preguntamos, ¿somos justos con Tiger Woods?

Portada de 'Golf Digest'
Portada de ‘Golf Digest’

Hace unos días, la hiperconectada revista GolfDigest escribía un reportaje entre sus páginas sobre las expectativas reales que el Circuito ve en Woods. Con la mira puesta de forma inevitable en el próximo Masters, las cuestiones sobre Tiger se fusionan. ¿Será capaz de ganar (el Masters)?

Sin desvelar sus identidades, la revista publica diversas opiniones de jugadores, entrenadores y otros implicados en El Regreso. «Todavía tiene ese aura y si entra en la pelea los gritos del público serán diferentes. Eso va a condicionar al resto», explica un ganador de major. «Stenson ganó el Open en Troon con 40 años, O’Meara ganó dos majors con 41 años en 1998, Els, Clarke y Mickelson también ganaron el Open en la década de los 40; el precedente está con Tiger», observa otro gran jugador, ya retirado.

La colección de críticas también sorprende, desde jugadores que aseguran que Tiger fingía lesiones para retirarse dado el bajo nivel de su juego hasta caddies que prevén una nueva caída del californiano. «Está haciendo un swing tan agresivo que se va a volver a lesionar pronto«, explica un caddie del circuito, probablemente los profesionales que más saben de este deporte.

El regreso de Tiger ha agitado unos cimientos que parecían perfectamente construidos sobre la espalda de jugadores jóvenes pero consolidados. ¿Cómo responderán éstos a la presión de la figura más determinante de la historia del golf? Algunos creen que hincarán la rodilla; otros, que seguirán el ejemplo de McIlroy, un golfista que siempre que Tiger ha aparecido se las ha apañado para lucir su mejor juego y, literalmente, arrasar. ¿Motivación o presión? Todo está por ver.

 

La realidad es que Tiger siempre ha jugado bien en Augusta. Incluso en 2015, cuando todo en su vida estaba desajustado y al borde del precipicio, quedó 17º, un verdadero milagro deportivo. Por eso, y por el tremendo e inesperado nivel de juego de Woods, es la última candidatura a tener en cuenta. Porque si Tiger pudo arruinar la ilusión de una generación completa, siempre puede volver a hacerlo. Porque por algo es Tiger.

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