Hay algo en la forma de hacer las cosas de Irene Paredes que me inquieta. Me resulta inverosímil esa serenidad pasmosa en una posición en la que lo normal es tener la sangre caliente. Me imagino a Irene como un transatlántico atravesando el Polo Norte, algo así como el Terror capitaneado por John Franklin allá por 1845. Es una jugadora que aporta, casi de manera invisible, un carácter a este equipo que, más allá de análisis técnicos, es un intangible con un valor incalculable.

Lo que sí podemos medir es la calidad que tiene su cabeza. Y no, no me refiero a su psicología, ni a sus maneras impolutas para liderar un equipo a las puertas de conseguir la clasificación para su segundo Mundial. Estoy hablando de lo que vale una cabeceadora como ella. Una central con una capacidad para llegar al área tan brutal, como quedó demostrado en el primer tanto del partido ante Finlandia. No han debido de ver muchos vídeos las finlandesas, cuando permitieron a Irene llegar al segundo palo sin marcaje alguno. Un recurso, cuando los muros son demasiado altos para romperlos a martillazos, que gana partidos por sí mismos. Y reitero, es central. La primera por la que pasa el balón y la piedra angular de todo lo bueno que construye España y que bajo las botas de Patri Guijarro y Virginia Torrecilla alcanza ya otra dimensión.


La Selección templó el ambiente con el balón en los pies, aunque Finlandia corriese mucho más (detrás de él, eso sí). España confirmó la inercia positiva con pocos fallos y con una mentalidad que le está haciendo crecer y madurar a pasos agigantados. Tal es el estado de felicidad al que invita este equipo, que a Olga García, una jugadora que este año está sufriendo en el Barcelona, le dio por sonreír marcando un verdadero golazo en el arranque del segundo tiempo. Finlandia apenas inquietó a una Lola Gallardo que tuvo que soplarse (y mucho) las manos para entrar en calor. España avanza hacia el Mundial y hay motivos para celebrar, antes de vernos las caras con Austria en Viena el martes. Llegarán los equipos que nos enseñen que aún nos falta un paso más para derretir el hielo de la élite, pero de momento, España combate el frío como nadie.

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