Por qué cambia un club su escudo? Supongo que sucede porque lo sugiere un experto en marketing, no creo que sea algo que brote de forma espontánea en las cabezas del presidente o el máximo accionista. Imagino que debe ser cosa de un tipo cercano y persuasivo, seguramente formado en Estados Unidos (basta un máster, tampoco hace falta una carrera en Princeton) que explica a la propiedad los beneficios de modernizarse, de tomar la delantera, del engagement y del crecimiento a partir de una nueva imagen, argumentos que serán culminados con un razonamiento indiscutible, a saber, no podemos tener un escudo del siglo XX en el XXI.

Puestos a suponer, imagino que a ese gurú del marketing le importa un bledo el fútbol, o que nunca le gustó demasiado, y doy por hecho que no es seguidor del Atlético de Madrid, porque cuando un aficionado observa el escudo de su equipo no lo percibe como una representación gráfica, enjuiciable desde un punto de vista estético, sino como el símbolo de un sentimiento.

En la misma situación que nuestro experto en marketing se encuentran todos aquellos que, a sueldo de afamadas marcas deportivas, se encargan de modificar las camisetas de los equipos de fútbol cada temporada, en ciertos casos de manera compulsiva, con la excusa de que modificar el diseño y hasta los colores es un fundamento básico para vender camisetas, cuestión que desmiente el deporte profesional estadounidense, aunque ese es otro asunto… o no: ¿Por qué allí se respetan los uniformes tradicionales sin menoscabo de homenajes puntuales (San Patricio, Fuerzas Armadas…) a lo largo de la temporada?  Y hablando de colores, no me olvido, jamás podré, del genio al que se le ocurrió teñir de azul la tierra batida del Masters de Madrid. Ese sí debió hacer la carrera en Princeton.

Logo Juve.
Juve: escudo antiguo y logo moderno.

Cuando la Juventus cambió su escudo, poco después de que lo anunciara el Atlético, el direttore Andrea Agnelli explicó: “Necesitábamos cambiar nuestra piel. El nuevo logo define un sentimiento de pertenencia y un estilo de comunicar nuestra forma de ser”. Hermosas palabras, incluso sin ser ciertas. La justificación oficial era más intrincada, pretendidamente revolucionaria. “Es un signo fuerte, esencial e inconfundible. Es un logo desarrollado con los principios con los que se construye un icono global en estos tiempos, para cualquier contexto físico o digital. Y, sobre todo, es un logo que deja atrás con valentía los conformismos de los escudos futbolísticos”.

El mismo razonamiento valdría para defender el cambio de escudo en el Atlético (menos radical que en la Juve), siempre y cuando aceptáramos que todo lo entrecomillado tiene sentido. Cosa que pongo en duda. ¿Necesita un club dejar atrás los conformismos de los escudos futbolísticos? ¿De qué diablos estamos hablando? Y una pregunta malvada: ¿qué lleva más tiempo, el rediseño o la ocurrente explicación que lo justifica?

Cleveland Indians.
Cleveland Indians y el jefe Wahoo.

El problema aquí no es si un rediseño mejora el escudo estéticamente, sino para qué rediseñar algo que forma parte de la memoria sentimental de los aficionados. En el equipo de béisbol de los Cleveland Indians encontraron una justificación: su logo del sonriente jefe indio Wahoo podía ofender a las minorías étnicas, razón por la que no volverá a exhibirse a partir de 2019. El siguiente paso es que el equipo retire el apellido “Indians” de su nombre. La fiebre de lo políticamente correcto ha llevado a que numerosas universidades dejen de utilizar referencias a los “nativos americanos” y, en el mismo sentido, se intensifica la presión para que los Washington Red Skins de la NFL cambien de nombre. También los Braves de Atlanta están amenazados. Resulta intolerable que sus seguidores hagan el baile del tomahawk durante los partidos.

Según se puede comprobar, los indios del Atlético lo tendrían mal en Estados Unidos. Pero aquello es otro mundo, en ocasiones, afortunadamente. En el que habitamos, no es el puritanismo lo que impera, o no siempre. Que el Real Madrid retire la cruz de los escudos que despacha en los países islámicos es un acto de lastimosa autorepresión, más todavía si pensamos que su jugador estrella se sigue llamando Cristiano.

En líneas generales, lo que predomina es el deseo de sacar al fútbol de sus tradiciones, como si tuviera que ser rescatado de ellas. Con tal motivo se incorporan nuevos himnos, más ardorosos, o se ficha a speakers vociferantes, como si el público fuera incapaz de celebrar los goles por sí solo. O se rediseñan los escudos.

Además, todo se hace sin someterlo a consultas, ejerciendo un paternalismo que molesta más que cualquier rediseño. Es obvio que el aficionado ha dejado de ser importante, pero los clubes podían disimularlo un poco. Creo que sólo eso se pide. Lo mismo que reclamaba Joan Crawford en Johnny Guitar: “Miénteme, Johnny, dime que me quieres”.

1 Comentario

  1. […] Pero es que, en estas últimas fechas, me han llamado la atención las campañas que se han creado en redes sociales bajo los hashtag #QueVuelvaNuestroEscudo o #EsteEsNuestroEscudo para que se recupere el escudo anterior del Atlético de Madrid. Más de 21.000 personas han firmado ya una petición para que esto ocurra, una locura que está generando cierta polémica entre los propios aficionados, jugadores, directivos y sí, también entre muchos periodistas. […]

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