Se está poniendo el final de temporada de un atlético reventón. Los de Simeone, a caballo entre los 13 del patíbulo y los indómitos gladiadores de 300, desafían al calendario y a los rivales con dos cimas de categoría especial en el horizonte: la segunda posición, y consiguiente billete para Champions, y el título de la Europa League. Todo con un tufillo épico muy atlético debido a la escuálida plantilla que le ha quedado al Cholo.

Arribaba al flamante coliseo rojiblanco el Sporting Club de Portugal, que no de Lisboa, como erróneamente se le denomina. Un equipo de buen pie en el que los ojos se le van a uno a la banda izquierda, donde Mathieu y Coentrao conforman una sociedad peculiar. 

No había roto a sudar Koke, perfectamente acicalado con su gomina, cuando Coates, un tallo uruguayo de casi dos metros que juega de central en el Sporting, regalaba un pase impensable a Diego Costa, quien sirvió al canterano para anotar el gol más rápido de la historia del Atlético en Europa. Habían pasado 22 segundos. Aún andaba el personal repasando los últimos chistes sobre Coentrao y Mathieu y el Atlético ya ganaba…

 Los de Simeone, que había puesto todo lo que tenía de lo poco que tiene, ya jugaban con el piloto automático cuando la mitad de sus jugadores ni siquiera habían tocado la pelota. El resto de la primera mitad ofreció el escenario esperado: la bola acariciaba los pies lusos con un Atlético agazapado que esperaba el fallo portugués. Pudo empatar Gelson que se plantó solo ante Oblak, pero el estoico esloveno sacó bien la mano abajo. Minutos después Mathieu decidió solidarizarse con su compañero Coates al cometer un error grosero que Griezmann convertía en el segundo gol. Plácido partido para el Atlético que con un gol más se marchaba a Lisboa a hacer turismo.

A punto estuvo de llegar en la primera jugada de la segunda parte, en la que Coates se tragó un balón escandaloso y dejó solo a Diego Costa, que se contagió del error del charrúa y eligió mal ante Rui Patricio, al que intentó regatear en lugar de disparar. El portero leyó el señuelo y corrigió el fallo de su compañero. Minutos después Costa volvió a retratar a Coates, que nunca olvidará el Wanda Metropolitano, pero el brasileño se quedó sin ángulo.

Cada vez que los rojiblancos enseñaban las uñas, llegaban al área sin mucha dificultad. En medio de las idas y venidas Costa recibió una fea tarascada en la que su tobillo hizo un gesto feo. Anda el Atlético en cuadro y con el derbi a la vuelta de la esquina, se encendieron las alarmas en el banquillo local.

Sin embargo, en la segunda parte los rojiblancos se contagiaron del destartalado despliegue portugués y hubo un par de desantenciones defensivas en balones parados que pudieron meter en el partido a los de Jorge Jesús. El duelo estaba descosido y la duda era si cerraría la eliminatoria la ansiedad ronaldiana de Diego Costa o la abriría la eliminatoria la caótica iniciativa portuguesa. Entre la inquietud y las expectativas la tuvo Fredy Montero en el descuento, fallando un gol incomprensible. Oblak rechazó como pudo un zapatazo y el delantero del Sporting mandó su rechace a las nubes cuando solo tenía que empujarla.

No debería preocuparse el Atlético por esta eliminatoria, siempre y cuando vaya a Lisboa enseñando el colmillo, porque el Sporting en las áreas no es rival. En realidad, al Atlético le viene pequeña la Europa League. Solo ellos pueden perder un título al que son favoritos indiscutibles.

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