El pasado martes mucha gente se escandalizaba al saber que el Barça de Ernesto Valverde saldría con un once libre de canteranos por primera vez desde que el mítico Carles Rexach hiciese lo propio un 6 de abril de 2002 en un encuentro contra el Athletic en el antiguo San Mamés. Ese Barça era el de los Christanval, Coco, Rochemback u Overmars. El partido lo ganaron los blaugrana, 0 a 2. Pero el caso es que, como el martes, no había canteranos en el once inicial. ¿Escándalo? ¿Sacrilegio? ¿Pérdida de valors? Nada de eso. Sencillamente, como canta Bunbury en su tema más redondo del Hellville Deluxe de 2008, «…porque las cosas cambian».

Varía sobre todo un factor importantísimo, y ese es el cambio generacional. Es prácticamente imposible que vivamos para ver una generación de canteranos procedentes de La Masía como la de los nacidos entre 1978 (Carles Puyol) y 1989 (Jordi Alba). Una camada en la que los nombres de sus miembros dan miedo solo con leerlos: además de los anteriormente mencionados, Xavi, Víctor Valdés, Andrés Iniesta, Gerard Piqué, Leo Messi, Cesc Fábregas —estos tres últimos nacidos en el 87—, y Sergi Busquets. ¿Cómo no iban a tener minutos? ¡Si son jugadores de talla mundial! Entonces, ¿qué pasa ahora?

Pasa que la siguiente quinta, la de los nacidos en los años 90, los Barça Millennials, no han resultado ser tan buenos. Como dijo Mourinho: «Esh fáschil». Hagamos memoria: Bojan, Gai Assulin, Isaac Cuenca, Montoya, Cristian Tello, Marc Bartra, Antonio Sanabria, Gerard Deulofeu, Munir, Sandro, Adama Traoré y alguno más que seguro que se me olvida. Pero… la cosa está clara, ¿no? Más clara que el azul del cielo de una mañana de primavera. En la lista faltan los únicos tres nacidos en los años 90 que salieron de La Masía para luego emigrar antes de poder convertirse en grandes en el Camp Nou: Thiago, cuya marcha al Bayern por 25 millones de euros puede ser fácilmente la mayor cagada (con perdón) del club en lo que va de siglo, Héctor Bellerín, que, como Piqué o Jordi Alba, se marchó siendo canterano y tiene pinta de que volverá algún día, y Mauro Icardi, que jugó dos temporadas y media en la cantera del Barça antes de ser fichado por la Sampdoria en edad juvenil. De los otros, podríamos discutir si Bartra es mejor que Yerry Mina, o si Deulofeu merecería más minutos que Dembélé, pero el problema no deja ni de estar ahí ni de ser claro.

Falta sangre nueva, talentos que tengan el nivel para ser los nuevos Piqué, Cesc, Iniesta, o Messi. Actualmente el Barça B está en posiciones de descenso en Segunda División y parece que el único que cogerá el ascensor que lleva al primer equipo este verano será Carles Aleñá, excelente todocampista. El lateral izquierdo Marc Cucurella podría ser otro con futuro entre los mayores, pero el resto de la plantilla, formada además por muchos futbolistas fichados para jugar en Segunda (David Costas, Nahuel, o Ruiz de Galarreta) no ofrece garantías.

Entre los juveniles sí parece que el aficionado medio del Barça puede albergar esperanzas de ver funcionando pronto a perlas que puedan levantar esta situación. El killer Abel Ruiz (que ya juega con el B), los laterales Juan Miranda y Dani Morer, o su 10, el magnífico Alex Collado tienen mucho camino por delante y deben dar el paso al frente que sus predecesores generacionales no han sabido dar. Para empezar juegan la semifinal de la Youth League este viernes contra los juveniles del City, quienes, por cierto, cuentan con Eric García, otra joya de La Masía ¿robada?, como también se fueron Jordi Mboula (Mónaco) o Sergio Gómez, que el otro día debutó con el primer equipo del Borussia Dortmund.

Quizás el fútbol esté cambiando. Quizás vivir de la cantera es ya una utopía. Quizás el Modelo Barça se esté agotando. O quizás es que el cosmos no ha querido reunir una nueva generación brillante en el Barça. O que falte talento, y que ese talento quizás volverá. O no. No lo sabemos, pero desde luego en estos momentos no parece una herejía que el club catalán haya optado por fichar clase media, como lo hizo en su día el Real Madrid. Una clase media que, por cierto, está ayudando en mayor o menor medida a que los de Valverde sigan invictos en Liga. Ahora, si Cruyff levantase cabeza…

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