Cuando Iago Aspas llegó con ocho años a las instalaciones deportivas de A Madroa, las pruebas de cazatalentos del Celta eran para mayores de nueve. Nunca una mentira ha dado tantas alegrías al club de Vigo. Ha pasado de ser la promesa que salvó al equipo del descenso a Segunda División B en 2009, y una más que probable desaparición del equipo celtiña, a ser el piloto de la expedición que viajó a Manchester en busca de un sueño finalmente truncado por el que todavía suda tinta celeste. Pero el fútbol a Iago nunca se lo puso fácil, y ahora, a pesar de ser el máximo goleador español de los últimos años, tampoco. La decisión de Lopetegui es una incógnita, pero todavía hay gente que duda si debe de estar o no en el próximo mundial de Rusia.

Quien parece tenerlo bastante claro es el Leganés, el próximo rival del conjunto olívico en La Liga. El de Moaña viene de endosar su segundo hat-trick esta temporada (los mismos que en toda su carrera como futbolista), y los pepineros no solo lo saben, sino que lo temen. En los ya típicos carteles que cuelga el equipo madrileño en las redes sociales, el de esta semana titula: Los balones que se los lleve de Rusia #IAGOEstoPorTuBien. En la imagen, aparecen tres balones a modo de matrioska, las conocidas muñecas rusas. Con esto detalles, el Lega derrocha, a pesar de ser una de las casas más pequeñas de Primera, hospitalidad: juega la Champions League de la simpatía.

 

Al Leganés le gusta Iago Aspas, y a cualquier persona que ama este deporte también. Se acaban los adjetivos para hablar de él. Es ese tipo de jugador que da igual qué entrenador seas que lo desearías tener en tu plantilla. Aspas es un tres en uno. Es un aficionado más, un forofo de su equipo. El fútbol, además de ser su trabajo, es su pasión. Es un friki: vuelve a casa después de jugar y enciende la tele para analizar un partido de vete tú a saber qué liga (da igual cuando leas esto). Y su influencia en el juego solo es comparable a la de Messi en el Barça. Iago, aparte de hacer goles, genera peligro. Es cuestión de ver sus estadísticas y darse cuenta de que la mitad de los goles que el Celta firma son culpa suya. 19 tantos lleva ya a estas alturas, exactamente los mismos con los que terminó el curso pasado.

Me imagino a Iago de camino a su pueblo natal, donde vive, después de cada partido disputado en Balaídos en el trayecto de treinta minutos en coche que separan a Vigo de Moaña. Lo veo en su Golf, de diez años de fiabilidad como a él le gusta decir, versionando la banda sonora de Fariña, la serie de moda de la televisión que protagonizan sus paisanos gallegos: O que teño que facer, pra non quedar sen mundial. Sobran goles que meter e afouteza pra amasar.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here