¿A quién se quiere más, a Mamá o a Papá? Una pregunta tan difícil de responder como señalar quién es más importante en el Barcelona: ¿Messi o Busquets? En realidad son igual de indispensables, pero en diferentes escenarios. Leo es el alfa y el omega azulgrana cuando el Barça tiene el balón. Sergio es el ángel de la guarda culé cuando el equipo no tiene la pelota. Se medían a un equipo valiente como el Sevilla, que le robó la posesión y le exigió en el repliegue, por lo que dio la sensación durante la primera hora, la que los visitantes no olieron la bola, que se echaba más de menos a Busquets. Quien de haber estado, probablemente habría provocado un desenlace diferente en alguna de las jugadas de los goles sevillistas. A Messi le bastó con jugar treinta minutos para equilibrar la buena primera hora de los locales.

Tiene mérito el Sevilla, un equipo tan excesivo como inmune a la indiferencia que camina entre lo mejor y lo peor.  Capaz de tutear a los grandes en España y de pasear por Europa con esa suficiencia tan sevillana, al tiempo que se reinventa necesariamente tras reconstruir masivamente su plantilla por su indisimulada naturaleza negociadora. Compra bien para vender mejor. Sin embargo, ha alcanzado un estatus, sin Monchi e instalado en la clase pudiente del fútbol continental, en el que no es tan sencillo encontrar gangas.

En esta temporada de idas y vueltas le está costando estabilizarse. Despidió a Berizzo, convendremos que con un timing poco elegante, y ha sido Montella quien ha instalado al equipo donde Nervión espera verle. Pero este Sevilla solo es feroz en el Pizjuán. Alterna su vulgaridad en Liga lejos de casa con su majestuosidad en Champions. Se trata de un equipo bipolar con muchos jugadores burbujeantes: Banega, Mudo Vázquez, Muriel, Correa… 

Con Messi en el banquillo aquejado de unas molestias inquietantes, Valverde entregó la batuta Iniesta, alineando en punta a Dembelé, Suárez y Coutinho. Un tridente que cucharea, ni pincha ni corta. Enfrente el Sevilla jugando en casa, es decir, con las pinturas de guerra. De inicio discutió la posesión al Barça, le arrinconó llegando por las bandas y, sobre todo, trabajó a la espalda de Rakitic, que hacía las veces de Busquets, acompañado de un caótico Paulinho. Como ha ocurrido durante todo la temporada, al menos desde que Neymar se marchó a París, los azulgranas abrieron una autovía por el carril de Alba. Y desde ahí llegaron un par de centros que Suárez no supo afilar.

El partido pasaba por los pies de Banega. Lo cual inquietaba a Valverde. Y cuando la perdían se agazapaban en torno a N’Zonzi. En el minuto 36 los locales se desplegaron en una jugada en la que Correa sirvió un pase al corazón del área barcelonista, donde Vázquez remató solo a placer. Piqué había acudido a achicar al primer palo y Umtiti venía basculando del segundo. Faltaba Busquets… Un detalle retrataba la mala primera parte azulgrana: las mejores ocasiones culés las protagonizaron precisamente los centrales, en dos jugadas en las que no acertaron a rematar.

Messi comenzó a calentar segundos antes de que Muriel se encontrase un rebote en el área. Quizás donde debía estar Busquets… Pese a su evidente falta de colmillo y a sus malas decisiones habituales, el colombiano clavó esta vez la pelota en la red. Pasaban 57 minutos y el Barcelona besaba la lona por primera vez esta temporada. Valverde echó mano de Messi, que en solo dos minutos cambió el escenario con una cabalgada en la que Kjaer salvó bajo palos un centro de Coutinho. El partido se mudaba al área local y el Sevilla encontraba praderas a la espalda de los laterales azulgranas. Olía a gol. La incógnita era en qué portería.

Era un combate entre dos púgiles buscando el KO. Muriel, Messi, Coutinho, Layún, Vázquez, Suárez, Alba… Uno de esos partidos que no gustan a los entrenadores pero justifican cada euro de su precio. Caminaba el partido hacia la primera derrota del Barça esta temporada con Banega ordenando el tráfico al trote cochinero. Su equipo andaba, exhausto, perdonando demasiado. El Sevilla duró una hora. Y ya se sabe… A los 87 minutos Rakitic remató al palo una jugada que terminó en córner. El saque de esquina concluyó con gol caníbal de Suárez en el área pequeña. Segundos después un centro al borde del área era rematado por Messi con el interior atornillando la pelota a la base del palo, donde Sergio Rico no era capaz de detener el disparo. Dos goles en 50 segundos. El partido evidenciaba el peso de dos jugadores mayúsculos en las áreas: Messi  y el añorado Busquets. 

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