Cuando la superioridad de tu rival es tan aplastante como para empezar el partido sabiéndote prácticamente eliminado, tienes dos opciones: disfrutar de la experiencia o rezar todo lo que sepas para sobrellevar la humillación con dignidad. El Lyon es el mejor equipo del mundo, con diferencia. El Barça, ambicioso, aspira a poder tutearle de aquí a unos cuantos años y aunque el camino será largo y difícil, el futuro promete. Un bombo calentito adjudicó al Barcelona el peor rival posible. Lejos de ser la más fea del baile, el equipo francés es aquella muchacha que hipnotiza sobre el escenario con sus movimientos haciendo que el resto nos preguntemos si tenemos dos pies izquierdos. Un equipo gigante en todas sus líneas y con un presupuesto que triplica el del conjunto culé. Y sí, esto también es cuestión de dinero. El equipo dirigido por Fran Sánchez pareció escoger la senda que marcó Marta Torrejón en rueda de prensa: «No tenemos nada que perder». Sandra Paños puso empeño en alargar el paso por la guillotina. Y al Barça le sobró un minuto de la primera parte para conseguirlo.

La paciencia del Barcelona para mantener a raya al campeón de Europa fue digno de admirar, o al menos, de un sonoro aplauso. Mapi León se presentó ante Europa como una jugadora que de promesa tiene poco. Su partido y sus pocos modales para respetar al Lyon son una tarjeta de presentación digna para que muchos llamen a su puerta. O la derriben. La esperanza del Barça tuvo premio, cuando casi sin querer, Patri Guijarro puso la cabeza para castigar un fallo grosero de Bouhaddi.


El segundo gol del Lyon, obra de Hegerberg pasó desapercibido, para las jugadoras del Barcelona porque el 2-1 es un resultado histórico que invita al optimismo. Las azulgranas no torcieron ni una línea de su guión y se vuelven a Barcelona con la sensación de haberse hecho un poquito más grandes. No sabemos hasta cuándo, pero soñar es gratis. 

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