El día después de la exhibición del Real Madrid en el Parque de los Príncipes acudo al desayuno de Europa Press con Alejandro Blanco. Casi antes de los «Buenos días», el presidente del Comité Olímpico Español me asalta: «Sólo el Madrid es capaz de jugar con semejante autoridad en un partido tan importante como el del PSG». En su indisimulado madridismo, Blanco resume lo que en esta misma página reclamábamos en la previa del choque: los de Zidane tenían que hacer un fútbol inteligente para ganar. Así fue y así gano.

¿Dónde está el secreto del éxito? Podemos mirar la estadística y encontramos una pista fiable. Casemiro y Varane apenas erraron un pase; Asensio y Kovacic, sólo tres. Miremos al PSG. Verratti y Rabiot, ocho errores cada uno; Thiago Motta, cinco; Di María, seis y de Pastore ni hablamos, siete en media hora. La palabra que distingue al Madrid es FIABILIDAD. En Europa, en la Champions, sólo sobrevive quien muestra seguridad, concentración, equilibrio y capacidad para llevar el partido por el cauce correcto. El entorno no afectó al equipo de Zidane, nada le desvió de su hoja de ruta, cada uno hizo su trabajo sin adornarse, fue una lección de armonía, de jerarquía y orgullo de ese escudo que tanto obliga a quien lo defiende.

El Madrid jugó en París igual que lo hubiera hecho en una final de Champions. Se plantó con la más absoluta seriedad, sin experimentos tácticos, apretando al PSG lo justo en los primeros minutos, pero sabiendo replegar hasta que con oficio le birló la posesión del balón. Zidane estuvo muy acertado en esta ocasión, con un once equilibrado en trabajo y creatividad, combinando a Kovacic, Casemiro y Lucas Vázquez (¡qué partidazo!) con la calidad imponente de Asensio, Benzema y Cristiano. La batalla de la mitad hacia arriba estaba apuntalada por un increíble Varane y la sapiencia de Carvajal, Ramos y Marcelo. En definitiva, a puesta en escena fue exactamente perfecta.

Pudo parecer que el PSG fue menos toro del que se anunciaba. No lo crean. La cuestión era desarmarlo. Cualquier otro equipo habría sucumbido a Mbappé, Cavani, Di María… El Madrid no se dejó achicar. Quien se arrugó fue precisamente el once de Emery, e incluso pareció empequeñecer el propio entrenador español, al que se le puso muy pronto cara de perdedor ante la evidencia de que los blancos estaban en uno de sus días grandes. En el Parque de los Príncipes el Madrid escribió una gran página de la Champions con la victoria que ha hecho temblar a la Europa futbolera. Como dice el presidente del COE: «No hay equipo capaz de mostrar semejante autoridad».

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