La historia del deporte encumbra a los genios capaces de desatar una ciclogénesis perfecta para laminar a sus rivales con su talento incontenible. Lo hacía Gary Kasparov con su creatividad descomunal sobre el tablero. Ali revoloteaba alrededor de sus adversarios como una mariposa hasta que les picaba como una abeja. Y Messi se pasea por el campo parsimonioso hasta que la pelota le acaricia a los pies, momento en que cambia el ritmo y desencadena jugadas que rompen los partidos con una superioridad insultante. Da igual el rival. Dan igual sus compañeros. Es el Messi Fútbol Club. ¡Cuánta razón tenía Guardiola…! 

Cuando metes un gol a los dos minutos, concurren sensaciones enfrentadas. Marcas y te colocas arriba. Tienes la eliminatoria donde querías, dominas y el viento te sopla a favor. Pero hay un problema: has trabajado para encarar con el balón en los pies y, de repente, la cabeza y el marcador te invitan a conservar y no arriesgar. El subconsciente tira de ti hacia atrás. Pero 88 minutos son demasiados defendiendo, algo antinatural incluso para el Barça de Valverde.

Enfrente, sin embargo, no cambiaba el decorado. El Chelsea necesitaba un gol sí o sí. Si no marcaba en el Camp Nou, estaba fuera. Así que el tanto de Messi a los 120 segundos, con un grosero fallo de Courtois que evidenció que los pies de un tipo de dos metros están muy lejos de su cabeza. No obstante, el plan seguía siendo idéntico: marcar. Y para ello plantó Conte sobre el césped un once equilibrado, incluso en ataque. Defensa de cinco con carrileros que en ataque se convertía en zaga de tres, con Moses y Alonso incorporándose con cierta alegría. Y arriba Hazard celebrando la titularidad de Giroud, como delantero-boya, jugando muy suelto a su espalda junto a William.

El gol sentó mejor al Chelsea que al Barça, al menos el primer cuarto de hora. Los londinenses, de blanco alérgico en Can Barça, pisaban área e inquietaban con algún disparo lejano. En ese primer tramo los de Valverde dudaban ser toro o torero. Hasta que en el minuto 20 el hambre de Messi, futbolista insaciable, robó una pelota a Cesc, jugador empachado y lento. Sorteó a dos defensas y sirvió al carril contrario, adonde una maniobra maravillosa de distracción de Suárez arrastrando a la defensa, permitió llegar solo a Dembelé, quien fusiló a Courtois. 20 minutos y 2-0. Ahora sí, el Barça afiló los pitones y al Chelsea no le quedó otra que ponerse el traje de luces.

El partido, y probablemente la eliminatoria, pudieron revivir si Marcos Alonso no estampa una falta en la palo de Ter Stegen en la última jugada del primer tiempo. Al descanso el Chelsea se iba condenado por un error de Courtois y otro de Cesc. Ambos se los cobró Messi. El primero lo facturó él mismo y en el segundo asistió a Dembelé.

Todo debió o pudo cambiar en el minuto 49. Marcos Alonso ganó la espalda a Piqué, que metió el brazo y lo desequilibró lo suficiente como para señalar penalti. El defensa había perdido el sitio y el carrilero del Chelsea se fue al suelo tras el braceo del central culé. Skomina, un mal árbitro más preocupado del continente que del contenido, se lavó las manos ante la cólera iracunda de Conte y sus muchachos.

El Barcelona, pese a la ventaja, temblaba como un flan. Había perdido la medular, el campo y el ánimo. Los azulgrana, en su versión más proletaria y sudorosa, administraban su ventaja aculados en su área. A lo que Valverde respondió cambiando el pincel de Iniesta por la brocha de Paulinho. Parecía el Barça el Chelsea y el Chelsea el Barça (como el día del Atlético) cuando se desató una contra en la que Suárez dejó la pelota en los pies de Messi. El resto lo pueden imaginar. Gol. El tercer zarpazo del Barça, la segunda estocada de Messi. 

De ahí al final el partido se enredó en el quiero y no puedo londinense y el no quiero, aunque puedo barcelonista. Sustituidos Busquets, por un golpe, y Dembelé, por lógica, el Barcelona estabilizó el duelo ante la frustración de su rival. Los azulgrana estarán en el bombo de cuartos junto a Real Madrid, Juventus, Manchester City, Roma, Bayern, Sevilla y Liverpool. Tres equipos españoles, dos ingleses, dos italianos y uno alemán. Y Messi. Siempre Messi. 

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