La cifra habla por sí sola. 22.202. Que el fútbol femenino está de moda es un análisis un tanto superficial. Que el crecimiento que ha tenido en los últimos cinco años debe ser un aliciente para la inversión y para un cambio de idiosincrasia en España es una obligación. El mundo sigue girando y no queremos quedarnos atrás, tampoco que lo que ocurrió en la tarde de ayer en el Wanda Metropolitano se quede en una anécdota, esa que dice que fue el tercer mejor registro histórico para un partido de fútbol femenino en nuestro país. 


Posiblemente no podía haber habido un mejor escenario. Seguramente mejor afición, tampoco. La rojiblanca se volcó con la cita, y ya sabemos que en lo de ser rebeldes con causa no tienen igual. El Wanda preparó un ambiente perfecto para que el Atlético de Madrid inaugurase con victoria su primer partido en el nuevo feudo colchonero. Fue como entrar en un salón de bodas, inmaculado, brillante. Se cambió el vals por un himno que encendió los ánimos y se procedió a las fotos que dentro de unos años las jugadoras de ambos equipos repasarán con ojos vidriosos. Puestos los anillos en el centro del campo y terminadas las formalidades, se dio rienda suelta a la celebración. Espoleado por un Frente Atlético que tampoco quiso perderse el evento, el público se divirtió de lo lindo y entró en calor entre vítores, cánticos, botes y aplausos. Los dos equipos ya bailaban sobre el césped y en la grada el ambiente invitaba a pensar en un futuro mucho mejor para este deporte.

El Madrid CFF no fue al Wanda como ese primo lejano que en las bodas se sienta a emborracharse en soledad, mientras asume que aquello le queda grande. Ni mucho menos. Los dos goles de Jade para contrarrestar los tantos de Kaci y Marta Corredera fueron un jarro de agua fría para el respetable rojiblanco y un caldito caliente para los aficionados del Madrid CFF que hacían menos ruido por educación. Las rojiblancas parecieron sorprendidas de que aquél invitado que había sido elegido por casualidades del calendario se estuviera comportando de una manera tan altiva en su propia casa.

El empate cayó por su propio peso. El Atleti se vio sorprendido por el arrojo inesperado de un invitado de última hora que le robó protagonismo, un punto y casi a la mismísima novia. Sin embargo, el disgusto importó un poco menos que otras veces. El fútbol femenino volvió a hacerse grande en el Wanda Metropolitano, aunque al Atlético de Madrid se le atragantasen las perdices en su propio banquete. A la fiesta le faltó un final feliz, pero qué importa. Menuda fiesta.

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