Isco define la personalidad de la Selección española para lo bueno, que es muchísimo, y para lo malo, que también hay que tenerlo en cuenta. Somos espumosos, arrebatados, geniales, flamencos, culibajos, y, a ratos, distraídos. Antes nos definía el templado carácter de Xavi e Iniesta, y la vida era mucho más tranquila. Tejíamos los partidos y al final nos íbamos a casa con una bufanda o con media docena. Ahora funcionamos a base de descargas eléctricas, sin demasiado criterio táctico (tal vez ninguno) y con la única intención de pasarlo bien. Es hermoso, aunque también podría ser dramático. Quizá por eso resulte más hermoso todavía.

 


 

En el fondo, los buenos siguen marcando las reglas; la novedad es que hemos cambiado de buenos. Junto a Isco, Asensio emerge como otro futbolista determinante para el fútbol de la nueva España, más vertical que aquella que nos hizo campeones, no hay más que atender al marcador. También Iago Aspas encaja en ese modelo y es hora de que sea tenido en cuenta como alternativa a Diego Costa.

Los tres goles de Isco son la confirmación de un cambio de régimen y trasladan la cuestión al Real Madrid, donde a Zidane le será difícil justificar la suplencia del mejor futbolista de la Selección. Los seis goles de España nos señalan como el favorito más en forma de cuantos participarán en Rusia y, al mismo tiempo, como el equipo mejor avenido. No quisiera pasar por alto la rendición de las últimas posiciones rebeldes a Gerard Piqué. Para orgullo del Metropolitano y del público asistente quedará que los aplausos triunfaron, por fin, sobre los silbidos, de modo abrumador cuando fue sustituido.

Antes de proseguir hay que hacer notar el inmenso cráter que dejó la ausencia de Messi. Superada la euforia inicial, la tentación es pensar que su baja lo explica todo, el decaimiento argentino y el arrojo de España. Podríamos afirmar, y nadie nos quitaría la razón, que todos los presentes en el estadio Metropolitano iniciaron el partido buscando a Messi, como si fuera posible su ingreso por sorpresa o su descendimiento de las alturas, estamos en fechas adecuadas. Se tarda un tiempo en asimilar ciertas noticias. Además, siempre es el Día de los Inocentes en alguna parte del mundo y uno nunca sabe que atenerse.

Lo que le ocurrió a España lo hemos visto cientos de veces en las comedias del cine mudo. El policía (o el departamento entero) pretende derribar la puerta justo cuando la abre Charlot. Empujamos como si hubiera puerta y nos encontramos con que no estaba Messi.

Para Argentina, las fuerzas actuaron en sentido inverso. De principio a fin le dolió el miembro amputado. Gana cuerpo la teoría de que Sampaoli es un tatuaje más de Leo Messi. Nada funcionó en Argentina a excepción de Meza. Decir que Banega ejerció de Messi tiene rango de herejía. Se deprimió con solo ocupar sus terrenos. Sin organizador, Mascherano se hizo cargo del timón, penosamente, porque ya no tiene edad. Si el equipo necesita un héroe haría mejor en viajar con la estatua de San Martín.

Diego Costa abrió el marcador y pareció buen síntoma hasta que surgió Aspas del banquillo. Isco comenzó luego el show y el gol de Otamendi fue un estornudo, poco más. Después llegó el aluvión: Isco, Thiago, Isco, Aspas, Isco, la ovación a Piqué, los olés y la ovación final. Hace diez años pensamos que no podía haber una vida mejor y asoma una que podría serlo. Seguiremos informando.

1 Comentario

  1. Profe creo que el candidato más en forma es Brasil, derrotó a otro de los favoritos (Alemania) sin Neymar.

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