En vísperas de medirnos a Argentina, a riesgo de lo que pueda suceder, diré que en Alemania vi a La Roja en modo campeona del mundo. No soy de elogios facilones en fútbol, sino al contrario, más bien agrio y exigente. Sin embargo, lo que dejó España en Dusseldorf fue el principio de excelentes sensaciones para ser candidato preferente a ganar el Mundial de Rusia. La combinación de toque, movilidad, consistencia y velocidad que ha conseguido Lopetegui provocó el asombro de los aficionados en el estadio, y un hito mayor: la estupefacción de los jugadores de Low, que se sintieron bailados por momentos. Quedará para el recuerdo el rondito de Iniesta e Isco en la primera parte y la asistencia del genio barcelonista para el golazo de Rodrigo.

Llevarse un 55% de posesión ante la campeona del mundo en su tierra dignifica a La Roja. Y eso considerando que los germanos dieron una respuesta soberbia, tanto técnica como táctica, aunque apenas a ráfagas encontraron la manera de parar la magia de España con el balón. La pisada de nuestra selección en Dusseldorf fue la de un equipo bien armado, con ideas muy claras de acción, pleno de velocidad por las bandas y de creatividad en el juego interior. Iniesta, Thiago, Isco y Silva hicieron lo que casi nadie se atreve a hacer con el balón. Pusieron ese toque diferencial que otorga a España una personalidad propia, distinguida, que no se encuentra fácilmente en el panorama internacional.

La foto será perfecta cuando Busquets se encuentre en condiciones y apuntale a Ramos y Piqué por el centro del dibujo defensivo. No será fácil que este triángulo se vea sorprendido en el Mundial, más aún cuando bajo los palos se sitúe De Gea, el portero que ya es una estrella. En Dusseldorf, sus intervenciones dejaron sin contestación a sus detractores, entre los que hasta la fecha me situaba en calidad de gruñón. Hoy me uno a su club de fans.

El círculo se cierra con la percepción de un Lopetegui de ideas muy claras y autoridad sin mácula. España busca un fútbol moderno de presión arriba, de muy buen trato de balón, entradas rápidas por los carriles, de permanente entrega hasta el minuto noventa. El propio seleccionador se autoexige de manera ejemplar. El equipo se muestra en armonía, con un once titular muy aproximado al que gusta a todo el mundo, con sustituciones de calidad para mantener niveles de juego parejos en cualquier situación.

Todo este cuento de hadas podría caer con estrépito si Argentina nos despierta bruscamente en el Metropolitano. No creo que suceda, sinceramente. España está en pista de despegue hacia el título Mundial, bien plantada y cargada de entusiasmo. Es verdad que viene Messi, que los de Sampaoli tiene cuajo, que en fútbol nunca se sabe. Es atrevido aventurar lo que pueda suceder en Madrid después de Dusseldorf, pero La Roja lo tiene todo para certificar ante los albicelestes que estamos viendo a una posible campeona del mundo en Rusia.

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