Hace un par de febreros tuve ocasión de conocer a Mateu Lahoz personalmente. Siempre fue un árbitro muy de mi gusto, y por razón de una charla a periodistas en La Nucía (Alicante) entré algo más en su concepto arbitral, que no a todo el mundo convence. Me ganó definitivamente. Y me ganó en resumidas cuentas por algo que desprendía: amor al fútbol.

Hoy Mateu es confirmado por primera vez como único árbitro español para el Mundial de Rusia, junto con sus asistentes. Una feliz noticia que comparto con entusiasmo, pues no me ha sido fácil defender a Mateu en la selva futbolera que vivimos. Su estilo de arbitraje ‘laisser faire’, interactuando con los jugadores, a veces en exceso laxo efectivamente, ha sido vapuleado en numerosas ocasiones por un duro sector crítico… ¡Incluso le ponen en entredicho en su propia casa federativa! Yo estoy de su parte, insisto.

De aquel día que conocí a Mateu Lahoz en La Nucía se me quedaron grabadas varias de sus frases como sentencias de un hombre de fútbol. Por encima de todas, la referida: “El fútbol es un espectáculo que hemos de cuidar”. Y el árbitro, a su entender, está para preservarlo con una aplicación de la ley “elástica”, capaz de avivar el juego, entendiendo al futbolista, alejado de protagonismos en la ejecución de decisiones, conociendo el escenario mejor que ninguno de los actores del partido.

Mateu Lahoz con Pedro Pablo San Martín.

Sí, aquí me ganó Mateu: “Antes de cada partido me reúno con mis auxiliares y nos informamos sobre la situación particular de algunos jugadores. Sabemos que pueden estar afectados por presiones deportivas por las sanciones o suplencias, por cuestiones familiares o razones particulares de rendimiento… Esto lo valoramos para administrar justicia en el campo”. Ahora entenderán por qué el trencilla valenciano dialoga en el campo, por qué sabe si a un futbolista puede concederle más manga ancha que a otros en sus gestos o protestas, aquí reside la clave de su forma tan “sui generis” de aplicar el reglamento. ¿Nunca se equivoca? Claro que sí. Ha tenido malas tardes, como cualquier profesional expuesto a la mirada inquisitoria de miles de aficionados. Es humano.

Ahora que Mateu nos representará en Rusia, en un Mundial con VAR (que dios nos pille confesados, señores) recuerdo la explicación de su exhaustivo plan de entrenamiento diario, la perfecta compenetración con sus asistentes al filo de la complicidad de hermanos de sangre (Pau Cebrián se encontraba allí presente en la charla), el permanente estado de aprendizaje que nos relataba fijándose en vídeos, jugadas polémicas, dudas a plantear en UEFA y FIFA. En definitiva, me confirmó lo que antes ya suponía de él: estaba ante un personaje fresco, motivado, transgresor, transparente, comprometido y muy libre, valor añadido cuando hablamos de un círculo bastante cerrado y sumiso como es el del arbitraje profesional.

Seguramente Mateu será más estricto en sus arbitrajes durante el Mundial que en la Liga. La FIFA obliga por principios a mantener sobre el césped una conducta intachable de los futbolistas. Los márgenes de permisividad son menores en acciones contra los rivales y protestas hacia los jueces. No obstante, estoy convencido de que el árbitro español lo tiene todo para hacer un buen trabajo. Si le saben entender, si nadie se equivoca al enjuiciarle, es posible que el amigo Lahoz llegue muy lejos en Rusia. Aunque siempre deseamos que sea por debajo del éxito de La Roja, y esto me lo sabrá perdonar.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here